Buscar

Curva Diagonal

Deporte – ciencia

Etiqueta

Cavani

La Copa del golpe

Hay una expresión que sintetiza la espiral de mediocridad en la que está sumido hace buen tiempo el fútbol sudamericano: sacar adelante el partido. Se dice respecto a los árbitros, como si su función fuera dosificar de una manera supuestamente razonable las patadas que se reparten en el campo, y no simplemente aplicar el reglamento, que señala con meridiana claridad qué cosa es foul y qué cosa no. El árbitro sacapartidos se opone al reglamentarista, una especie ya extinta en Sudamérica, como si para un juez seguir las normas fuera una decisión, una cuestión de escuelas o de ideologías. Para el sacapartidos, el reglamento es solo una herramienta más; es un permanente interpretador auténtico de la International Board, y como tal es impredecible. Uno nunca sabe si va a sacar la tarjeta amarilla, va a preferir la advertencia verbal o el siga-siga; menos, cuál es su criterio para sacar la roja. Es más: ante faltas similares toma distintas decisiones. Y a todo esto le agrega una regla adicional: la llamada ley de la compensación.

Su propósito, muchas veces celebrado y elogiado por cierta crítica especializada, no es impartir justicia dentro de la cancha, sino cuidar el espectáculo –o, quizás, evitar que los jugadores lo maten por ser demasiado estricto. Está demás decir que, si lo que quiere hacer el fútbol algo más agradable de verse, no lo consigue. El resultado suele ser todo lo contrario: recitales de patadas, codazos y rodillazos repartidos con creciente impunidad, como los que se vieron en la Copa América, un torneo de arbitrajes francamente lamentables.

falta_di_maria

http://www.ole.com.ar/static/DESMedia/swf/jwplayer/player.swf?hash=06418663a841fc726e7547ca13cc4e14

«Esto es América y acá se juega así», le contestó el árbitro mexicano Roberto García Orozco a Lio Messi le increpó porque dejaba que le pegaran tanto durante el partido Argentina-Colombia, según cuenta una crónica del diario español El País. No tiene por qué ser así. Si Sudamérica se vanagloria de ser cuna de grandes talentos futbolísticos, ¿por qué se resigna a que su torneo continental se parezca cada vez más una competencia de vale todo? Permitir el juego fuerte por encima del reglamento atenta contra el espectáculo, básicamente porque los principales receptores de las agresiones son los jugadores más talentosos, las estrellas, que en lugar de dedicarse a hacer lo que mejor saben se pasan la mitad del tiempo en el suelo y la otra mitad, cuidándose de las agresiones. Casi irremediablemente terminan fuera de sí, y a veces lesionados. El resultado es partidos intensos, emocionantes sin duda, pero en general con poca calidad.

cuadrado cueva peru colombia

No se trata de negar que las infracciones son parte del juego, y muchas veces son inevitables. Pero sí se debe impedir que la falta sistemática y el antifútbol se conviertan en parte integral de una estrategia de juego. Tampoco deberían permitirse la repetición de faltas y las provocaciones orientada a sacar de quicio a un jugador rival. Los árbitros deberían estar pendientes de estas prácticas, que han sido recurrentes en la Copa, y hacer lo que supuestamente es su función: aplicar el reglamento.

En fin, deberían. Pero qué podemos esperar, si los jerarcas históricos de la Conmebol están ahora mismo presos, prófugos o con arresto domiciliario, acusados por la justicia de Estados Unidos de formar parte de una red de corrupción y sobornos. Es decir, lo que todo el mundo sabía.

Una mirada benévola nos llevaría a pensar que los árbitros simplemente son malos. Otra, un poco más descreída, a decir que en realidad son la cara visible de una podredumbre mayor.

Que cada quién se quede con la idea que más le reconforte.

La infamia de Santiago

por BRUNO RIVAS

Para cambiar la historia es preciso realizar una gran hazaña. Sin embargo, y lamentablemente, también existe otro camino: el de recurrir a la infamia. El asesinato de un mandatario, la traición a un aliado o la consumación de un genocidio son acciones que han cambiado el destino de pueblos enteros. En su adecuada dimensión, el fútbol ha tomado con frecuencia la segunda ruta. ‘Manos de Dios’, goles fantasmas o patadas arteras le han permitido a algunas selecciones ganar partidos clave e incluso campeonatos. El miércoles en el estadio Nacional de Santiago de Chile se escribió un capítulo más de esta penosa trama.

Ayer, la selección chilena no solo se enfrentaba a uno de los equipos más difíciles de Sudamérica; también debían derrotar a un fantasma poderoso: el de las estadísticas. La escuadra roja había perdido en 18 de los 28 encuentros disputados contra la celeste. Asimismo, su récord de cero títulos continentales languidecía frente a los quince de los charrúas. Los de Sampaoli eran conscientes de que para vencer a Uruguay y mantener latente el sueño de levantar la Copa América había que hacer algo extraordinario. Había que jugar para cambiar la historia.

‘La Roja’ empezó el encuentro mostrando no estar a la altura de las circunstancias. Su juego dinámico y de toque fue bloqueado por una escuadra que salió con el cuchillo entre los dientes. Un primer tiempo sin grandes opciones de gol dejó en claro que los sureños necesitaban recurrir a otra estrategia que les permitiera llegar al gol. Y la elección fue una que se aleja de toda táctica profesional.

A menos de media hora para el final, Jara comete una agresión sexual contra Cavani y lo saca del partido. El caudillo sufriente de los charrúas no pudo aguantarse y, tras aplicar una cachetada a su atacante, recibió la cartulina roja. Una vez más la infamia cambió el curso de las cosas. La cancha se inclinó y se vino una marea roja. Al minuto 81, la muralla celeste cayó. El gol de Isla terminó de marcar el rumbo de la historia. Otra expulsión uruguaya en el minuto 90 solo sirvió para darle al resultado más sabor a injusticia. Hoy en calles y canales solo se habla de la infamia de Santiago; veremos si en diez días, como suele ocurrir en el fútbol, un campeonato hace olvidar los dedos de Jara.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar