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Fútbol peruano

El chivo expiatorio, un relato tranquilizador

Todos los pueblos necesitan de relatos para constituirse. Se construyen a partir de historias que ayudan a generar una identidad colectiva. En ellas siempre están presentes padres fundadores, un carácter común construido a partir de episodios y batallas, enemigos que representan todo lo que no es el pueblo, y en algunos casos, un traidor, un chivo expiatorio al que se le puede culpar de todos los males que sufre la población. En los últimos treinta años, el pueblo peruano se ha especializado en crear relatos llenos de chivos expiatorios. Y muchos de ellos aparecían ataviados con la camiseta de la sección nacional.

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Peruanos de importación (I)

 

Conocí a Cristian Benavente una tarde del 2009, en Madrid. Mi amigo Víctor Zaferson, hábil como nadie para encontrar futbolistas peruanos incluso debajo de las piedras, me había advertido sobre la existencia de este hijo de madre peruana que jugaba en las divisiones inferiores del Real Madrid. Valía la pena sacrificar una tarde de un viaje vacacional para conocer a ese chico y, con suerte, traer una exclusiva para Deporte Total.

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La sinrazón peruana

Por Fabrizio Tealdo

Dentro de las carencias del fútbol peruano, el Callao y La Victoria se han mantenido por décadas como las principales zonas de formación de jugadores. Y dentro del Callao y La Victoria, son Alianza Lima y la Academia Deportiva Cantolao las principales canteras. Cantolao y Alianza han hecho su parte en el deber formativa. Basta revisar la procedencia de algunos jugadores de la selección peruana: Farfán, Guerrero, Carrillo, Pizarro, Zambrano, el chalaco Lobatón —antes de pasar a Cristal— entre otros, surgen de Alianza o Cantolao. Si se repasan los históricos, “Cachito” Ramírez salió del Boys, Barbadillo del Callao, y los históricos de Alianza son mayoritarios (Cubillas, Cueto, Velásquez, en fin), y en una época, Municipal promocionó jugadores como “El cholo” Sotil, oriundo de Ica. La ‘U’ también dio lo suyo, aunque sus logros no son directamente proporcionales a la formación de base.

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Ternero: el campeón sin legado

Freddy Ternero acaba de partir como vivió: con discreción, una característica que ya cultivaba en sus épocas de futbolista. Solo después de que se dio la noticia de su muerte se agolparon los medios de comunicación frente a la clínica donde pasó sus últimos días y la gente se acordó que el que acaba de irse era nada menos que el entrenador más exitoso de la historia del fútbol peruano. Seguir leyendo “Ternero: el campeón sin legado”

El fenómeno del niño terrible

Hace ya sus buenos años, cuando yo apenas empezaba en el periodismo, Roberto Challe quiso golpearme. Al menos así lo hizo saber un día a la salida de un entrenamiento de la U. Corría el año 2000 y yo, en uno de mis primeros textos como periodista de una revista deportiva, había relatado ciertas intimidades del vestuario y las concentraciones cremas que mejor no vuelvo a contar. No vaya a ser que Roberto, que otra vez está al frente de la U, se moleste de nuevo conmigo y me quiera pegar otra vez.
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Esta U no es la U

Dulanto anticipó, se elevó y cabeceó al arco. Fue gol. Acto seguido, se tomó el rostro y se desplomó, como si hubiera ganado el Miss Universo. ¿Conmovedor? Más bien patético. Sintomático de la triste situación en la que se encuentra un club que, al amparo de su historia y su mística, solía sentirse superior a todos sus rivales.

Ahora mete un gol y se desmaya.

Y ni siquiera alcanzó para ganar el partido.

(foto: Andina)
(foto: Andina)

Hubo una época en la que se decía que la U nunca jugaba de visita. Ahora juega como si estuviera en campo hostil siempre, incluso en el Monumental. Contra Garcilaso quedó claro que la paliza recibida la semana pasada (1-4 ante León de Huánuco) ha dejado una profunda huella en un plantel demasiado bisoño como para asimilar tremendos golpes. Hay demasiado miedo. La consigna, entonces, fue no cometer errores ante un rival –en la teoría y el la práctica– superior y con más oficio. La línea de cuatro al fondo nunca se desarmó, lo cual no es una virtud, sino un defecto porque sin flexibilidad no hay sorpresa. Sin laterales o centrales que rompan líneas, es difícil hacerle daño a un equipo bien parado.

Son muchas las cosas que Luis Fernando Suárez tendrá que corregir si es que quiere salvar a Universitario del descenso (y si los directivos de la U se lo permiten).

Primero, tiene que inyectarle de algún modo liderazgo al plantel. No es concebible que un equipo grande como Universitario carezca de al menos un líder claro, en lo anímico y en lo futbolístico. Alguien tiene que enarbolar la bandera del carácter. Y aunque no necesariamente carácter es igual a experiencia, está claro que a este equipo le faltan jugadores con kilometraje. La banda de capitán no es un adorno, pues. Pero en este Universitario la lleva Carvallo, un arquero que ni siquiera tiene el titularato garantizado. Otra vez, sintomático.

También le falta alguien que pida la pelota, de preferencia en el centro del campo, y organice los ataques. Un 10, esa especie que en el mundo desarrollado del fútbol está prácticamente extinta, pero que en el Perú todavía funciona. Sino, miren la vigencia sostenida de un jugador como Montaño.

Ahora dicen que llega Raúl Ruidiaz. Es lo que corresponde, porque ya está claro que con lo que hay no alcanza.

Lo que le pasa a la U es la consecuencia de la incompetencia de una seguidilla de administradores y gerentes deportivos que parecen no entender que para los equipos grandes la austeridad a rajatabla no es una opción. El hincha no mira los balances, mira la posición del equipo en la tabla. Sin buenos resultados no hay proyecto económico a largo plazo que se sostenga.  Eso solo se puede lograr armando buenos equipos, y eso cuesta.

Por eso tener un equipo de fútbol es un pésimo negocio. A menos que seas el Real Madrid o el Barcelona.

Nos tocó el grupo de la muerte

Ya sabemos que el hinchaje es irracional. Solo así se puede explicar la expectativa por un sorteo tan anodino como el de los emparejamientos para las eliminatorias de Sudamérica. Igual prendimos la tele y contemplamos atentos a Ronaldo y Forlán sacando las bolitas de la pecera –todas, presumo, a la misma temperatura ambiente– y cuando salió el nombre de Perú nuestro corazón, hay que admitirlo, se aceleró un poquito. Al final, nos tocó el número 9 de entre 10 selecciones, lo cual demuestra que, cuando se trata del fútbol peruano, hasta el azar nos hace justicia.

Al final, el fixture nos quedó así (fina cortesía de RPP):

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¿Conviene o no conviene? Da para largo el debate. Otra cosa es que sea productivo o sirva para algo. Igual es saludable el cambio, aunque sea solo para variar el guión de un drama que siempre acaba igualito. Después de repetir durante tres ciclos eliminatorios el mismo fixture, ya la cosa parecía aburrida, por repetitiva: nunca clasificamos. Ahora al menos tenemos una expectativa distinta: si no clasificamos (es bastante probable) al menos no llegaremos al objetivo de una manera diferente.

Fue Sergio Markarián, que se quejaba por todo y veía fantasmas por todas partes, el que metió en la agenda el tema del calendario como una de las dificultades que enfrentaba el Perú en su tortuoso camino por las eliminatorias sudamericanas. Pero nunca, que yo recuerde, desarrolló con precisión qué partes del fixture eran las que le causaban tanta molestia. Quizás haya sido esa fecha doble de visitante que implicaba visitar La Paz y Asunción (bisagra entre la rueda de partidos de ida y vuelta). Pero si no le has podido sacar al menos un punto al Paraguay más pobre de los últimos años en Asunción… ¿estabas como para ir al Mundial? Me parece que no. Y ni hablar de Bolivia en La Paz ¿No era acaso que el futbolista peruano está habituado a jugar en los ambientes más duros? Ya la altura no asusta ni siquiera a los argentinos, y el rival menos.

Igual, el resultado fue decepcionante, osea, que pudo ser mejor. Luego de tabular las respuestas con hinchas y expertos, creo que este es el fixture que nos hubiera convenido. Hay que tomar en cuenta que, según estimaciones basadas en las eliminatorias pasadas, se necesitan al menos 23 puntos para quedar entre los cinco de arriba:

Fecha 1: Perú vs. Brasil (sin Neymar).

Fecha 2: Perú vs. Uruguay (en Cerro de Pasco y sin Suárez).

Fecha 3: Perú vs. Paraguay (en Lima nomás, que siempre les ganamos)

Fecha 4: Perú vs. Venezuela (choque de alto riesgo)

Fecha 5: Perú vs. Bolivia

Fecha 6: Bolivia vs. Perú (en Santa Cruz)

Fecha 7: Perú vs. Bolivia

Fecha 8: Perú vs. Bolivia

Fecha 9: Perú vs. Bolivia

Fecha 10: Perú vs. Bolivia

Fecha 11: Perú vs. Bolivia

Fecha 12: Perú vs. Bolivia

Fecha 13: Perú vs. Bolivia

Fecha 14: Perú vs. Bolivia

Fecha 15: Perú vs. Bolivia

Fecha 16: Perú vs. Bolivia

Fecha 17: Perú vs. Bolivia

Fecha 18: Argentina (ya clasificado) vs. Perú (en Buenos Aires)

Repechaje: Perú vs. Papua Nueva Guinea – partido de ida en Port Moresby y la vuelta en el Estadio Nacional. Felizmente Australia ahora juega con los asiáticos.

Lamentablemente, el sorteo arrojó otra cosa: tenemos que jugar con todos. Como siempre, nos tocó el grupo de la muerte.

El Perú sigue calato

por BRUNO RIVAS

“Quienes olvidan o desprecian la historia están condenados a repetir los mismos errores de ella”, afirmaba Jorge Basadre en el siglo pasado. Décadas después, su frase no pierde vigencia en el Perú. Como prueba tenemos al derroche de optimismo que ha despertado la dignísima participación de la selección de fútbol en la Copa América de Chile. Tras el tercer puesto obtenido, no son pocos los que creen que nuestra clasificación al mundial de Rusia 2018 ya está asegurada. Parecen haberse olvidado de las graves carencias del balompié nacional. Como en ocasiones anteriores, se niegan a aceptar que el Perú, el seleccionado, sigue calato.

Pasada la resaca del triunfo contra Paraguay y la de la celebración por el merecido logro obtenido por el conjunto de Gareca, es importante volver a pisar tierra. Vale la pena hacer una serie de preguntas: ¿Realmente ha crecido el fútbol peruano en esta nueva etapa? ¿Es posible clasificar al mundial con el equipo con el que contamos? ¿Qué tan relevante es la obtención del tercer puesto en la Copa? Para responder esas interrogantes es necesario repasar la historia y mirar nuestro presente.

El gran acierto del libro “El Perú está calato” (Ganoza y Stiglich 2015) es el de poner en evidencia una realidad que muchos no quieren ver: que no hay razones para creer que se está dando un milagro económico peruano. Lo que propone el texto es que el alto crecimiento obtenido por el país en los últimos diez años ha generado un optimismo exagerado que impide que se vean los graves problemas institucionales que sufre nuestro país. Más bien, los autores afirman que el país es víctima de seis trampas que deben ser develadas. Solo aceptándolas podremos tener una visión adecuada de la realidad. Algunas de ellas se aplican muy bien a nuestro fútbol.

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La trampa del milagro futbolístico. Hay quienes afirman que Gareca ha logrado un milagro. Sostienen que ahora la selección peruana ha recuperado su estilo y que juega como en los mejores momentos del fútbol nacional. De seguir esa senda lograremos ser competitivos y con suerte clasificar al mundial. No obstante, es importante preguntarnos si no hemos tenido antes un período de crecimiento similar. Ahora son pocos los que recuerdan que a Sergio Markarián, el anterior técnico de la selección, le decían ‘el mago’. La gran performance que logró con un equipo parchado en la Copa América de Argentina 2011 parecían validar su apodo. El tercer puesto en Argentina provocó que muchos se llenaran de confianza y pensaran que la clasificación a Brasil 2014 era más que una posibilidad. Un par de años después, Markarián era acusado de vago y argollero por los resultados negativos obtenidos. Como ya es historia conocida no clasificamos al mundial. La magia se acabó y nadie entendía por qué. Pocos eran los que tomaban en cuenta que nuestros logros en Argentina descansaban, en gran parte, en factores externos. En esa oportunidad clasificamos como tercero en el grupo gracias a que enfrentamos a una selección mexicana sub 20 y vencimos en cuartos de final a una selección colombiana muy distinta que la que participó en las eliminatorias. Si bien tuvimos un buen desempeño también ayudó la falta de jerarquía de nuestros rivales. Ahora con Gareca ha ocurrido algo similar. Los factores externos también han jugado. Empezamos enfrentándonos a la peor Brasil de todos los tiempos y luego vencimos a una Venezuela que jugó setenta minutos con diez hombres. En el partido definitorio de la primera ronda, ‘ratoneamos’, al mismo estilo de Markarián, frente una Colombia que volvió a mostrar su falta de jerarquía. En cuartos tuvimos la suerte de encontrarnos con Bolivia, un equipo muy débil que solo llegó a esa instancia gracias a unos veinte minutos de ensueño frente a Ecuador. Con Chile, mostramos nuestra mejor cara en la adversidad pero finalmente perdimos. En la última presentación le ganamos a Paraguay en un partido que por momentos tuvo ambiente de amistoso. No es el espíritu de este post restarle méritos a la selección, finalmente hizo su juego en cada partido que disputó, pero es difícil creer en un milagro futbolístico tomando en cuenta esas circunstancias.

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La trampa de las fábricas sin milagros. En la última década algunas selecciones de menores le dieron alegrías a la afición. Los ‘jotitas’ que en el 2007 clasificaron al mundial sub 17 de Corea del Sur y la sub 20 que logró avanzar al hexagonal final del sudamericano del 2013 fueron la esperanza de una renovación del fútbol peruano. Sin embargo, las máximas estrellas de ambos cuadros o fracasaron en su transición al profesionalismo o no han logrado despegar en sus clubes. Mientras Manco obtiene más titulares por sus excesos que por sus actuaciones en el UTC de Cajamarca y Alonso Bazalar es casi un ex jugador; Yordy Reyna y Benavente no logran trascender en el fútbol de alto nivel. Asimismo, en el torneo local no brillan figuras jóvenes que sean capaces de ser el relevo para los actuales seleccionados. No es casualidad que Gareca haya tenido que recurrir a jugadores experimentados como Pizarro o Lobatón para completar el equipo. No hay recambio para Farfán y Guerrero, nuestras dos últimas grandes perlas, jugadores que ya están por encima de los treinta años. Y sin fábricas capaces de generar productos de exportación es casi imposible poder llegar a la más alta competencia. Sin fábricas no hay milagros mundialistas.

AREQUIPA, 19 DE DICIEMBRE DEL 2003. CIENCIANO DEL CUSCO CERRO UNA MAGNIFICA CAMPANA EN LA COPA NISSAN SUDAMERICANA AL DERROTAR A RIVER PLATE DE ARGENTINA CON UN GOL ANOTADO DE TIRO LIBRE. FUE LA PRIMERA VEZ QUE UN EQUIPO PERUANO ALCANZA EL MAXIMO GALARDON EN UN TORNEO CONTINENTAL. CON ESTE TRIUNFO CIENCIANO DEJO DE SER UN EQUIPO CHICO PARA CONVERTIRSE EN UNO DELOS GRANDES DEL FUTBOL PERUANO Y SUDAMERICANO. OPSE_2003DIC30_PERU_FUTBOL_COPA SUDAMERICANA 2003_PARTIDO FINAL_CIENCIANO_RIVER PLATE_OBTENCION DE TITULO_CELEBRACION_JUGADORES_CON LA COPA_CREDITO GERMAN FALCON/EL COMERCIO PERU_2003DIC30_AFD

Las trampas de la informalidad y de los clubes perdidos. En las competiciones internacionales es una constante las eliminaciones tempranas de los equipos peruanos. En la última edición de la Copa Libertadores fue bastante doloroso ver cómo los clubes naciones eran eliminados pese a tener todo a su favor. El único hecho destacable de un equipo peruano ha sido la brillante campaña del Cienciano en el 2003-2004 que le permitió ganar la Copa Sudamericana y la Recopa. Sin embargo, el equipo cuzqueño no supo sacarle provecho a ese momento de gloria y actualmente sigue careciendo de instalaciones propias, tiene deudas millonarias y hoy lucha por permanecer en primera división. Y el caso del Cienciano no es el único, los dos equipos más populares del país, Alianza Lima y Universitario de Deportes, sobreviven de administración temporal en administración temporal y no son capaces de superar sus problemas económicos e institucionales. Y es que el fútbol es el reflejo de una sociedad que vive en la informalidad. Son pocos los clubes nacionales que pueden ser incluidos en la economía formal por su cumplimiento en pagos y por contar con las instalaciones y recursos adecuados. En consecuencia lo que tenemos es un campeonato paupérrimo que aleja al espectador de las canchas. A pesar de que ahora, gracias al correcto desempeño de la selección en la Copa, algunos analistas digan que nuestro torneo no es tan malo; la realidad es otra. Equipos como los nuestros poco pueden aportar a un desarrollo sostenido de nuestro fútbol y a la clasificación a un mundial.

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La trampa de un Estado débil. El Perú es un país en el que la educación física no es obligatoria. Al parecer al Estado el deporte solo le interesa cuando se cosecha un logro. Deja en manos de cada individuo la posibilidad de desarrollarse en una disciplina deportiva. Esa es solo una muestra de cómo el Estado está ausente en varios ámbitos de nuestra sociedad. Lo que genera esta situación son ciudadanos que no se sienten respaldados por las instituciones y ven cómo sobrevivir por su cuenta. Eso explica la expansión del individualismo y la falta de compromiso con la comunidad. Es en esas circunstancias que se pueden entender declaraciones como la del díscolo seleccionado Andrés Mendoza en las que señalaba que perdía plata por jugar por Perú y que por eso la afición no debía exigirle nada. Finalmente, muchos jugadores han encontrado en el fútbol el vehículo para salir de la pobreza y no sienten que le deban algo a su patria. Por lo tanto, en una sociedad en la que el ciudadano es abandonado a su suerte es difícil que se forme un compromiso colectivo que implique una dedicación a largo plazo como es la clasificación a un mundial. Ya hemos visto como proceso tras proceso jugadores de gran categoría han preferido dedicarse a la juerga antes que concentrarse para sacar adelante un partido. No cabe duda que esta trampa ha estado y sigue presente desde hace mucho tiempo.

Todas estas trampas provocan que sea totalmente pesimista sobre el futuro de la selección en las eliminatorias. Creo que mientras no se superen esos problemas no tenemos opción de llegar a la gran cita futbolística. Sin embargo, esto no significa que dejemos de hacer todo lo posible por llegar. Es loable que Paolo Guerrero diga que nunca bajará los brazos y que Gareca defienda a sus jugadores y al campeonato peruano pero la realidad juega contra ellos. Finalmente son titánicos emprendedores que tienen al sistema en contra. En estos momentos es más importante que se superen las trampas que entorpecen a nuestro fútbol. De lo contrario solo estaremos replicando los errores de nuestro pasado. No habremos aprendido nada, tal y como lo dijo Basadre.

El Perú se llama Carlos

por BRUNO RIVAS

El Perú es Carlos Lobatón. Uno de los grandes aciertos de Ricardo Gareca es el de haberle dado la capitanía de la selección al volante celeste. Actualmente, es el jugador que mejor representa el espíritu de la blanquirroja. Lobatón es un jugador ordenado, disciplinado, dispuesto al sacrificio y con momentos de genialidad; sin embargo, nunca ha logrado trascender en la alta competencia. Su buen toque y visión de juego le han permitido destacar en el fútbol nacional pero sus limitaciones físicas impidieron que diera el salto al exterior. A pesar de que en las últimas temporadas se ha convertido en la máxima estrella del campeonato peruano, los 35 años de Lobatón juegan en su contra. Con esa edad es bastante improbable que llegue al mundial Rusia 2018. No obstante, da la lucha y contagia a los que vienen para el relevo. Lo suyo fue solo la Copa América y en ella cumplió con creces.

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El Perú es Carlos Ascues. El volante de Melgar de Arequipa ha sido la gran sorpresa de la selección peruana. En la Copa América, Gareca lo ha reinventado al ubicarlo en la zaga de su escuadra. Los resultados han sido fenomenales. Después de mucho tiempo, la blanquirroja cuenta con un ‘patrón’ capaz de salir jugando desde la defensa y que se da el lujo de llegar al campo rival en los momentos en que el equipo necesita un empujón. Sus 23 años lo convierten en una promesa que puede aportar en futuros procesos. No obstante, su gran problema es la inestabilidad. Desde su debut en el 2011, Ascues ha jugado en cinco equipos diferentes, entre ellos dos europeos. Hasta ahora, el polifuncional jugador no ha podido asentarse en un lugar. Cabe preguntarse si con el consejo del seleccionador peruano, Ascues logrará por fin ubicarse en el mundo del fútbol y marcar la ruta que lleve a Perú a una Copa del Mundo.

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El Perú es Carlos Zambrano. En el minuto 18 del partido con Chile, Carlos Zambrano destruyó las ilusiones de un país que había aprendido a quererlo. El defensa peruano conocido por su matonería volvió a fallarle al equipo. Una vez más sus pergaminos europeos no le sirvieron de nada. En un partido clave en el que había que mantener la calma y el orden, el jugador del Eintracht Frankfurt eligió clavarle los botines a un rival. Hasta el encuentro con los sureños, Zambrano estaba realizando una soberbia Copa América. Analistas nacionales y extranjeros alababan el orden que había demostrado durante la primera ronda del certamen y destacaban que la solidez defensiva no había estado acompañada de las patadas que solía repartir. Pero ahora ha vuelto a sembrar dudas. Más de uno se pregunta si el zaguero seguirá perdiendo la cabeza en los partidos claves de la eliminatoria. ¿Los esquemas que planteará Gareca en la ruta para Rusia 2018 serán saboteados desde adentro? ¿Es posible confiar en jugadores que tienden a la autodestrucción?

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