Por Fabrizio Tealdo

Dentro de las carencias del fútbol peruano, el Callao y La Victoria se han mantenido por décadas como las principales zonas de formación de jugadores. Y dentro del Callao y La Victoria, son Alianza Lima y la Academia Deportiva Cantolao las principales canteras. Cantolao y Alianza han hecho su parte en el deber formativa. Basta revisar la procedencia de algunos jugadores de la selección peruana: Farfán, Guerrero, Carrillo, Pizarro, Zambrano, el chalaco Lobatón —antes de pasar a Cristal— entre otros, surgen de Alianza o Cantolao. Si se repasan los históricos, “Cachito” Ramírez salió del Boys, Barbadillo del Callao, y los históricos de Alianza son mayoritarios (Cubillas, Cueto, Velásquez, en fin), y en una época, Municipal promocionó jugadores como “El cholo” Sotil, oriundo de Ica. La ‘U’ también dio lo suyo, aunque sus logros no son directamente proporcionales a la formación de base.

El vínculo chalaco–íntimo

El Callao y La Victoria, además de prevalecer en el rubro formativo, se relacionan desde la época fundacional del fútbol peruano. Uno de los primeros clásicos se disputó entre el Atlético Chalaco y Alianza Lima, antes de que la ‘U’ existiera como idea siquiera. El Chalaco es un equipo en extinción, pero entre Alianza y el otro equipo del Callao, el Boys, existe cierta confraternidad. No hay amistad —nadie es amigo en el fútbol peruano, otra lástima, un motivo más de la locura que nos impide ver la realidad—, pero no existe la enemistad que prevalece entre los rosados y la ‘U’ o Cristal, por ejemplo. Los motivos escapan a un análisis que para ser serio debe pasar por los archivos y las entrevistas, sin embargo, existen, forman parte de la idiosincrasia de ambos clubes, del inconsciente colectivo de la grada.

Por una serie de coincidencias, el Boys salvó la categoría en el año 2006 en Matute. En su cancha le ganó a Alianza en la última fecha del torneo y en el mismo estadio donde los de La Victoria obtuvieron su último título nacional, se impuso al José Gálvez por penales semanas después, quedándose un tiempo más en la máxima división. El Boys ya era víctima del cáncer que lo ha llevado a alcanzar la situación deplorable que actualmente padece, y de no extirparla —es decir, refundar el club con otra razón social—, seguirá la ruta de la desaparición.

Cantolao también tuvo la oportunidad de sumarse a esta relación —casual o estructural, pero relación al fin— entre el Callao y La Victoria, ocasión desaprovechada por inexperiencia y falta de temple de los jóvenes en la cancha, técnicamente superiores al rival. La Bocana los superó mostrando muy poco. Los de Sechura basaron la estrategia del partido de vuelta en los pelotazos divididos, el planteamiento táctico más elemental y pedestre, pero que, a pesar de ello, complicó a la zaga chalaca. Por otro lado, se veía un Cantolao que ante la sorpresa del público se quedaba sin aire, cuando debía ser todo lo contrario considerando la edad de los rivales.

Máximas y mentiras

En el fútbol no todo está escrito. Aquel mito que sostiene que ya todo fue inventado y que el truco está en plasmarlo de manera efectiva en la cancha, carga con una mentira original para ocultar la ignorancia. Cada ciertos años no solo se dan cambios, se desatan revoluciones. Sachi, Bielsa, Pep son algunos de los nombres que reescribieron el fútbol en tan solo dos décadas.

Sin embargo, sí hay máximas que no cambian.

Una de ellas es que los jóvenes no ganan campeonatos, se necesita de la experiencia. Eso se vio en diciembre en Matute, donde la falta de carácter, la duda y poca convicción corroyeron las posibilidades de un equipo superior que no supo imponerse en la cancha a La Bocana, que aprovechó las deficiencias de los muchachos de Cantolao.

Otra máxima inalterable es que la única forma de ser competitivos es apostando por las divisiones inferiores. Sin formación de base, el campeonato se torna magro, hasta patético como en el caso del Perú. La selección es un reflejo de esta realidad.

Otra máxima que se mantiene —o toma un largo proceso para cambiar— es el carácter inherente a las naciones. Los uruguayos son eficientes y valientes; algo de eso tenían los argentinos hasta hace unos años. Los alemanes son implacables e incansables. El castellano vive orgulloso de ser la sede de la institución más grande del mundo, y pierden el control cuando se ven superados o no plasman su grandeza y señorío. Los catalanes vivieron victimizados por la sombra del Madrid hasta que dejaron atrás el papel secundario para constituirse en una escuela sin fronteras, que adopta carácter universal con el mejor fútbol de la historia reciente como emblema. El colombiano muestra una habilidad admirable hasta que llega el momento límite para demostrarlo, entonces flaquea, lo que lo emparenta al peruano, pero en el Perú, más allá de no tolerar la presión, domina un estigma más perverso, que corroe desde la cancha del Nacional a todas las esferas de nuestra sociedad, o mejor dicho a la inversa: nos domina la sinrazón.

Canteras insuficientes

No contamos con canteras formativas numerosas —es más, son un puñado— y a pesar de ello soñamos con realizar un papel decente en la Copa Libertadores, y si los dioses del fútbol son generosos, quizá hasta campeonar como lo hizo Cienciano en ese año dominado por el realismo mágico: en la temporada 2003-2004, Grecia campeonó la Eurocopa, el Porto la Champions League y Cienciano la Sudamericana. Precisamente aquel año donde la lógica reinó por su ausencia, llegamos a lo más alto. Cuando la sinrazón dominó el fútbol, Perú dijo presente. Años como esos aguardan los hinchas peruanos. Viven a la expectativa de la magia, no del proceso. Celebramos grandes contrataciones que no llevan a nada. En Alianza quien despierta entusiasmo y genera titulares es Montaño, no las canteras históricas. El mundo al revés, del cual el periodismo cada vez asume un papel más protagónico.

Sucede, pues, que aunque Cantolao y Alianza han cumplido con formar jugadores, dos canteras son insuficientes para nutrir al fútbol de un país. Desde los años noventa, Cristal ha mejorado su cantera; en los últimos 10 años, la ‘U’ hace lo suyo; se suma el Esther Grande de Bentín, y paremos de contar. Es a esos procesos a los que debemos apuntar, pero el largo plazo nos desespera, es un trabajo que no se plasma de inmediato y pensamos que es improductivo porque el rédito no se observa en los saldos anuales. Somos esclavos del presente: lo que queremos, lo queremos ahora. Repetimos el error pero creemos que va a ser distinto esta vez. La sinrazón espera milagros. Llegar a Rusia es posible, cosa de sumar correctamente.

Fuera de la confraternidad entre el Callao y La Victoria, que suma al folclore del fútbol más que a su progreso —la indisciplina es un mal de base precisamente de estas dos canteranas—, se necesita de al menos 50 Alianzas y Cantolaos para que el fútbol peruano se consolide en procesos que no dependan de generaciones que aparecen eventualmente. Cien canteras constantes —por dar un número— con infraestructura de primer mundo, pues Cantolao, por ejemplo, no tiene cancha propia, y a pesar de ello muestra loables logros formativos.

La constancia no se alcanza con proyectos puntuales sino con una estructura material y metodológica encaminada, trabajo constante. Que la mayoría de los jugadores históricos del fútbol peruano hayan surgido en de La Victoria y el Callao es una evidencia que delata un fútbol que no está preparado para competir a nivel sudamericano, evidentemente tampoco la blanquirroja, considerando que en estas latitudes se congregan seis de las mejores veinte selecciones del mundo.

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