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Deporte – ciencia

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Personajes

Messi y los deliciosos debates estériles

Por Jaime Cordero

El fútbol está lleno de preguntas que no tienen sentido, pero igual se hacen. Como cuando acaba un partido cualquiera y el reportero a pie de campo se acerca al jugador que le queda más cerca y le pregunta: “¿contento con el triunfo?” O como cuando los expertos debaten: “¿es Pelé mejor que Maradona?”, “¿Es Messi mejor que los dos?” No hay respuesta que realmente valga la pena para cuestiones así. El jugador, todavía jadeante, contestará que sí, que está satisfecho y balbuceará algunas fórmulas de compromiso para elogiar a su rival y señalar que ya está pensando en el próximo partido. Los expertos (los de verdad y los de mentira) podrán argumentar de miles de maneras sobre quién es a su entender el mejor de la historia y dará lo mismo porque el veredicto nunca será concluyente. Es la pregunta por llenar un vacío. Es la discusión por el mero afán de discutir. Es discrepancia por gusto.

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La sinrazón peruana

Por Fabrizio Tealdo

Dentro de las carencias del fútbol peruano, el Callao y La Victoria se han mantenido por décadas como las principales zonas de formación de jugadores. Y dentro del Callao y La Victoria, son Alianza Lima y la Academia Deportiva Cantolao las principales canteras. Cantolao y Alianza han hecho su parte en el deber formativa. Basta revisar la procedencia de algunos jugadores de la selección peruana: Farfán, Guerrero, Carrillo, Pizarro, Zambrano, el chalaco Lobatón —antes de pasar a Cristal— entre otros, surgen de Alianza o Cantolao. Si se repasan los históricos, “Cachito” Ramírez salió del Boys, Barbadillo del Callao, y los históricos de Alianza son mayoritarios (Cubillas, Cueto, Velásquez, en fin), y en una época, Municipal promocionó jugadores como “El cholo” Sotil, oriundo de Ica. La ‘U’ también dio lo suyo, aunque sus logros no son directamente proporcionales a la formación de base.

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Cuando el dinero se retira

Mayweather

por Bruno Rivas

La wikipedia ya describe a Floyd ‘Money’ Mayweather como un ex boxeador profesional. Si le creemos al que fuera campeón mundial en cinco divisiones distintas, la pelea realizada contra André Berto habría sido la última de su brillante carrera. Una en la que, como es su costumbre, ganó sin complicaciones y en la que se dio el lujo hasta de bailar.  El sábado, al concluir el combate, se arrodilló y miró al cielo como agradeciendo al altísimo por haber igualado el récord de 49-0 de Rocky Marciano, una de las máximas glorias del pugilismo. Posteriormente, en entrevista en el ring se ratificó en su deseo de abandonar los cuadriláteros. Para ‘Money’ ha llegado el momento de descansar. Seguir leyendo “Cuando el dinero se retira”

El recogebolas vuelve a meterse a la cancha

Por Bruno Rivas

El lunes, en medio de un visionado de documentales de box, les dije a mis amigos Jaime, el mismo de este blog, y Óscar que hoy en día el deporte está cada vez más alejado de la hazaña. Señalé que los cambios sociales y culturales que han modificado al mundo han provocado que cada vez sea más difícil que un deportista profesional apueste por el romanticismo, por el simple amor por el juego. Actualmente, un ídolo del Atlético Madrid no tiene problemas en mudarse a Barcelona o un campeón de box elige sus combates en virtud de los dígitos que tendrá su cuenta bancaria. Sin embargo, mientras lanzaba mis discursos atemporales, un futbolista me demostraba que aún existen los que le dan la contra al espíritu de la época. Ese mismo día, Carlos Tevez concretaba su regreso a la Bombonera de Boca Juniors.

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Tevez con su tío Segundo

El relato que acompaña a Tevez no es muy distinto a los de los boxeadores que hicieron historia. Por ejemplo, sus orígenes son muy similares a los que tuvo Mike Tyson. Al igual que el boxeador estadounidense su infancia estuvo marcada por la ausencia y vicios de sus progenitores y creció en una zona en donde imperaba la delincuencia. El Brooklyn de Tyson de los setenta era el Fuerte Apache de Tevez de la última década del siglo XX. Ambos barrios tatuaron su espíritu y por eso no es casualidad que al delantero argentino lo apoden ‘el apache’ Solo las intervenciones de personajes que cumplieron el rol de padres adoptivos evitaron que las estrellas fueran absorbidas por un ambiente corruptor. Si Tyson fue rescatado por su entrenador Cus D’Amato, Carlitos recibió el apellido de su tío materno Segundo Tevez. No obstante, el tío Segundo logró mejores resultados que D’Amato. Tevez ha sabido mantenerse lejos del mundo de los vicios, de ese que suele hundir a los mejores talentos del deporte.

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Si bien sus primeros pasos fueron el All Boys, en 1997 cumplió el sueño de jugar en el club del que es hincha a muerte: el Boca Juniors. Las fotos que se tomó en su época de recogebolas con figuras como Palermo, Barros Scheloto y Riquelme, con los que luego jugaría, revelan la devoción que tenía por la azul y oro. Con Boca ganó casi todos los títulos posibles, Apertura, Libertadores, Sudamericana, Intercontinental, estuvieron entre sus logros. Tras un corto período en Brasil, en donde también campeonó, siguió el camino esperado y dio el salto a Europa. En el club inglés siguió cosechando títulos. El argentino sumó a su nutrido escaparate dos Premier League, Carling Cup, Community Shield, Champions League y Mundial de Clubes. Su historia de éxito la continuó en el otro lado de la ciudad. Con el Manchester City siguió ganando torneos locales. A pesar de una controversia con el técnico Roberto Mancini que lo alejó de las canchas casi una temporada completada, salió del club con una marca de 73 goles en 148 partidos. La última etapa de su brillante carrera europea la tuvo en Italia. Con la diez de Alessandro del Piero tuvo dos temporadas de ensueño que estuvo cerca de coronar con su segunda Champions League. Solo el Barza de Messi, Neymar y Suárez pudo detenerlo.

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A sus 31 años, Tevez ha demostrado que tiene suficiente fútbol para seguir en los grandes de Europa. Sin embargo, ha realizado un acto de amor y ha vuelto a casa. No quiso retornar cuando sus energías no le permitieran aportar al máximo nivel. “Vuelvo en mi mejor momento. Estoy mejor que nunca física y mentalmente”, afirmó en la conferencia de prensa en la que firmó contrato. Ha regresado para servir de ejemplo a los más chicos y para volver a llevar a Boca a la cúspide del continente. Puro romanticismo, cero cálculo económico. El recogebolas ha vuelto, quizás el deporte sería más lindo si hubieran más hinchas que se metan a la cancha.

Mira los mejores diez goles de Tevez en Boca

La Copa del golpe

Hay una expresión que sintetiza la espiral de mediocridad en la que está sumido hace buen tiempo el fútbol sudamericano: sacar adelante el partido. Se dice respecto a los árbitros, como si su función fuera dosificar de una manera supuestamente razonable las patadas que se reparten en el campo, y no simplemente aplicar el reglamento, que señala con meridiana claridad qué cosa es foul y qué cosa no. El árbitro sacapartidos se opone al reglamentarista, una especie ya extinta en Sudamérica, como si para un juez seguir las normas fuera una decisión, una cuestión de escuelas o de ideologías. Para el sacapartidos, el reglamento es solo una herramienta más; es un permanente interpretador auténtico de la International Board, y como tal es impredecible. Uno nunca sabe si va a sacar la tarjeta amarilla, va a preferir la advertencia verbal o el siga-siga; menos, cuál es su criterio para sacar la roja. Es más: ante faltas similares toma distintas decisiones. Y a todo esto le agrega una regla adicional: la llamada ley de la compensación.

Su propósito, muchas veces celebrado y elogiado por cierta crítica especializada, no es impartir justicia dentro de la cancha, sino cuidar el espectáculo –o, quizás, evitar que los jugadores lo maten por ser demasiado estricto. Está demás decir que, si lo que quiere hacer el fútbol algo más agradable de verse, no lo consigue. El resultado suele ser todo lo contrario: recitales de patadas, codazos y rodillazos repartidos con creciente impunidad, como los que se vieron en la Copa América, un torneo de arbitrajes francamente lamentables.

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“Esto es América y acá se juega así”, le contestó el árbitro mexicano Roberto García Orozco a Lio Messi le increpó porque dejaba que le pegaran tanto durante el partido Argentina-Colombia, según cuenta una crónica del diario español El País. No tiene por qué ser así. Si Sudamérica se vanagloria de ser cuna de grandes talentos futbolísticos, ¿por qué se resigna a que su torneo continental se parezca cada vez más una competencia de vale todo? Permitir el juego fuerte por encima del reglamento atenta contra el espectáculo, básicamente porque los principales receptores de las agresiones son los jugadores más talentosos, las estrellas, que en lugar de dedicarse a hacer lo que mejor saben se pasan la mitad del tiempo en el suelo y la otra mitad, cuidándose de las agresiones. Casi irremediablemente terminan fuera de sí, y a veces lesionados. El resultado es partidos intensos, emocionantes sin duda, pero en general con poca calidad.

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No se trata de negar que las infracciones son parte del juego, y muchas veces son inevitables. Pero sí se debe impedir que la falta sistemática y el antifútbol se conviertan en parte integral de una estrategia de juego. Tampoco deberían permitirse la repetición de faltas y las provocaciones orientada a sacar de quicio a un jugador rival. Los árbitros deberían estar pendientes de estas prácticas, que han sido recurrentes en la Copa, y hacer lo que supuestamente es su función: aplicar el reglamento.

En fin, deberían. Pero qué podemos esperar, si los jerarcas históricos de la Conmebol están ahora mismo presos, prófugos o con arresto domiciliario, acusados por la justicia de Estados Unidos de formar parte de una red de corrupción y sobornos. Es decir, lo que todo el mundo sabía.

Una mirada benévola nos llevaría a pensar que los árbitros simplemente son malos. Otra, un poco más descreída, a decir que en realidad son la cara visible de una podredumbre mayor.

Que cada quién se quede con la idea que más le reconforte.

Batistuta, el goleador con más armas

Gabriel Omar Batistuta fue protagonista de las dos últimas Copas América que Argentina levantó. En la del 91 salió goleador con seis tantos. En la del 93 metió tres. No salió como máximo artillero–lo fue Palinha con cuatro– pero dos de sus tres goles los metió en la final frente a México para voltear el 1-0 en contra. Acá sus trece goles en Copa América.

En Francia 98, el Bati metió su último triplete en los mundiales frente a Jamaica, el rival de Argentina hoy. Aprovecho la coyuntura para desempolvar una columna que iba sobre su capacidad de definición. En estas semanas, además, se ha dicho una cantidad de barbaridades sobre el terrible dolor de cartílagos que aqueja al goleador y la posibilidad de que le amputen las piernas, que el goleador histórico de la albiceleste ha desmentido.

“Tuve una historia complicada con los tobillos. Empecé a mejorar y estoy mejor de lo que estuve hace tres o cuatro años, pero no tiene nada que ver con hacerme amputar o todas esas barbaridades que se dijeron. La verdad que no se de donde salió toda esa información y me sorprende que haya salido y que la haya levantado tanta gente”. Agrega que está haciendo una vida normal y que hasta juega al fútbol gracias a un tratamiento. Sin embargo, el dolor persiste en uno de los tobillos, no en las rodillas como se ha estado diciendo. “Los huesos se frotan entre sí y es lo que me provoca el dolor. Aunque tomo inflamatorios para ello… Estoy esperando por una prótesis, esto no tiene nada que ver con una amputación”.

Acá los motivos que esbocé sobre por qué coloco al Bati por encima de Romario, Van Basten e incluso que Ronaldo cuando de clavarla de trata.

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Cuando se habla de goleadores, de inmediato se recuerda a Romario. “Fue el mejor delantero de área chica”, se dice. Esta frase significa que fue quien mejor resolvía en espacios reducidos, en el pie a mano y dentro del área, totalmente cierto cuando estaba encendido. Si se habla de delanteros cómo no mencionar a Van Basten, su potencia, contundencia y ubicación letal; o Drogba, quizá el ‘9’ más completo; el momento actual de Messi; o al brasilero Ronaldo.

Pero de todos, considero que el que mostraba una mayor capacidad de definición fue Batistuta. Su habilidad un tanto rústica y escasos títulos lo descalifican para muchos, pero hay que concentrarse en la definición. A diferencia de Romario, su capacidad excedía los límites del área. No superaba a Ronaldo en calidad –vamos, qué delantero es mejor que Ronaldo–, pero sí tenía una gama más amplia frente al arco. Y es que en la definición no solo hay que considerar la calidad –y no es que no haya hecho golazos–, se debe evaluar la versatilidad y priorizarla, y el ‘Bati’ las metía de fuera y dentro del área, casi siempre muy fuerte pero también bombeada, en primera o haciendo la pausa justa, al centro o colocada cuando era necesario, al ángulo más lejano, con izquierda o derecha, de cabeza o tiro libre. Además, te aseguraba que de dos por partido, al menos una entraba.

La definición en todos sus aspectos también se vio en Van Basten, pero la suerte jugó en contra del holandés: las lesiones lo persiguieron y se retiró relativamente joven. En casos tan equiparados como los de Van Basten y Batistuta, para ver quién fue mejor definidor hay que apelar a la vigencia: el argentino fue crack desde 1991 hasta al menos el 2002. Para mí fue el mejor, e incluso quienes objetan su reinado estoy seguro de que lo consideran en esa difusa frontera de los indiscutibles donde las jerarquías se confunden.

La maravillosa metáfora

CUANDO SE TRATA DE HACER GRANDES PELÍCULAS no hay deporte que se le mida al boxeo: síntesis de la épica, el dolor, la codicia, la rivalidad, el triunfo pasajero y la derrota inexorable, es decir, de todas esas cosas que sacan lo mejor y lo peor de nosotros. Con el box no es necesario inventar ni exagerar nada, basta con revisar la biografía de un campeón del mundo cualquiera para encontrar esa trama compleja que cualquier guionista soñaría con escribir. Ahí reside el éxito del Jake La Motta interpretado por De Niro, o incluso del Rocky Balboa encarnado por Stallone. El boxeo es tan cruel, tan operístico, tan dramático (tan humano) que cualquiera de esos personajes pasa perfectamente por real. Eso que vimos en el cine tranquilamente pudo pasar en el Rincón del Box.

Juan Pablo Cadaveira no tenía mucha idea de eso cuando un amigo le invitó a acompañarlo a ver una pelea en Connecticut, a una hora de su casa en Nueva York. Ni siquiera le gustan los deportes, pero cuando vio a Sergio ‘Maravilla’ Martínez entendió rápidamente que ese era el personaje de su primera película. Sería un documental y no tenía idea de cómo iba terminar. El boxeo, generoso con todos menos con los púgiles, se encargó del resto.

Juan Pablo Cadaveira (foto: archivo personal)
Juan Pablo Cadaveira (foto: archivo personal)

Ciertamente, había puntos de contacto entre el personaje y el cineasta: compartían la nacionalidad y además ambos eran expatriados, pero el atractivo del personaje iba más allá. “A nivel cinematográfico había un gran personaje, súper interesante, carismático, con un gran pasado de lucha y un presente super dramático también, porque todo el mundo estaba esperando a pelear con él cuando empezara a decaer”, resume Cadaveira. Como buen campeón, Maravilla tenía pasado y presente de hambre: luego de pasar años en la serie B del boxeo, el púgil argentino logró llegar a la cúspide. Pero cuando Cadaveira lo vio pelear por primera vez acababa de ser despojado de su título de los pesos medianos con uno de esos golpes de despacho, cada vez comunes en el boxeo mundial. Recuperar el cinturón no solo implicaría ganar peleas, también imponerse a un establishment donde el pay-per-view y el tamaño de las bolsas pesa mucho más que talento o el poder de los puños.

Pintaba ya como una tremenda historia, y Cadaveira acompañaría a Martínez en ese trance, a ver qué pasaba. ‘Maravilla, la película’ es la crónica de  ahí una odisea que pasa por gimnasios y cuadriláteros, pero también por oficinas y estudios de televisión. “La historia de un hombre que lucha por seguir luchando”, define el director.

La historia se fue escribiendo, y Cadaveira admite que no habría podido imaginar un final mejor. De hecho, esa pelea Martínez vs. Julio César Chávez Jr. fue una de las mejores de los últimos años. Y el último asalto fue de infarto.

Es la magia del boxeo, metáfora de la vida, y a veces también del cine. La odisea de Maravilla Martínez para pelear por un cinturón en Las Vegas también puede parecerse a la de un joven cineasta latinoamericano que busca apoyo para su primera largometraje. Para ambos hay negativas, teléfonos ocupados y financistas avaros, una estructura de poder diseñada para hacerles el camino lo más difícil posible. “A todos nos suena la campana y todos los días es un round”, resume el cineasta, que ahora se reconoce como un fanático del boxeo. Cosas que suelen ocurrir.

 

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