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Deporte – ciencia

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Fútbol

Perú es Aldo Corzo

No podría ser casualidad que el fútbol peruano empezara su triste y prolongado declive en 1985. Total, por esos años, todo parecía irse al diablo en este país. Así como los goles que se devoró el ‘Chevo’ Acasuzo en esa repesca con Chile que terminó de sacarnos de México 86, por esos años la esperanza era algo que se nos escurría de las manos.

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Los Leones de Lisboa

El Celtic recordó de qué está hecho. Después de caer 7-0 en el Camp Nou, frenaron la tanda de victorias seguidas del City de Pep. Acá dejamos el recuerdo de su victoria más sonada de los últimos años contra el equipo que los acaba de humillar, el Barcelona, otra vez en Glasgow como una especie de revancha anacrónica, y un poco más de historia.

Toda elección define un rumbo, pero el nacimiento decide el destino. Fundar un club de fútbol en Glasgow, bajo el yugo inglés, en plena era Victoriana, ya es de por sí nacer marginado. Pero un club creado en 1887 bajo la pobreza, por descendientes de irlandeses católicos fuera de su patria y donde prevalece otra religión, era indicio suficiente para que el Celtic quedara relegado a las curiosidades del pasado, ni soñar con la gloria.

Pero esta lectura de laboratorio, como toda perspectiva elitista, olvida que en la periferia los hombres se acostumbran a la lucha y comprenden que en cada logro está la gloria que sólo ellos no vieron como imposible.

El Celtic de Glasgow llegó a la temporada 1966-67 del campeonato más importante de Europa con pocas ilusiones, a pesar de que celebraba su 80 aniversario. El equipo lo conformaban escoceses que nacieron en un radio de 50 kilómetros de Parkhead, donde se levanta su estadio, Celtic Park. Enfrentar el campeonato de clubes más importante del mundo con jugadores nativos ya es de por sí bello, y hoy improbable, pero ese mismo año a lo bello sumaron lo impensado: el Celtic del 67 es el único equipo escocés que ha levantado el trofeo de clubes más distinguido del mundo, y el primer británico en hacerlo; ni el Manchester United, ni el Liverpool, los celtas lo hicieron antes que cualquier inglés. En la final en Lisboa vencieron 2-1 al mítico Inter de Helenio Herrera, el favorito de todos que ya conocía de títulos a nivel continental.

No fue una casualidad el logro de los Leones de Lisboa —así se les recuerda, lo merecen, más si el apodo parece haber sido obra de futboleros portugueses.

El Celtic Park es un infierno al que le falta prensa. Sus más de sesenta mil almas ven en ese campo la ilusión, la posibilidad de la noche heroica en esa camiseta de listones albiverdes, tan clásica, tan hermosa. Y si hay que ir afuera, se hacen sentir. No tengo la menor duda de que en Portugal hace 45 años fueron locales.

¿Contra qué lucha el Celtic? Se enfrenta a lo imposible. En el 2012 cumplieron 125 años y, por casualidad del calendario, recibieron al Barcelona campeón de todo. Pero los escoceses no fueron a ver a los catalanes ni a Messi, pagaron su entrada para ver al Celtic y sólo al Celtic, recibieron a sus once en un campo de leyenda: las graderías ataviadas con todo el color y la esperanza, los cantos recordando que nunca caminarán solos. En los 90 minutos, con ese fútbol respetuoso de la tradición inglesa de juego vertical por las bandas, de celebrar cada balón parado como un gol —pueden jactarse de no haber traicionado sus raíces como se ha hecho en Londres, de ser más británicos en la cancha que los propios ingleses—, obligaron a la orquesta blaugrana a someterse. Ese 2-1 quedará en la memoria como un glorioso aniversario.

En el fondo, aquel fue sólo un momento. No vencieron al Barza, superaron sus inicios, la marginación de nacer, crecer y mantenerse católicos en una ciudad protestante. Jugaron con decisión y coraje, con una plantilla que ya no es nativa —va desde Honduras hasta Grecia, de Venezuela pasa por Israel y el resto de Europa, pero jamás por Francia, y no olvida al África subsahariana—, las tribunas celebraron cada balón parado como dicta la tradición inglesa y de la esquina vino el primer gol. En el segundo, una pelota larga, dividida, esperaron el error y mataron. El descuento del Barza sólo hizo la noche más emotiva. Vieron cuál era su origen y no lo cambiaron. Comprendieron cómo y dónde habían nacido, y al hacerlo, vencieron.

Quien niegue que el Celtic es un grande, sabe de fútbol lo que dicen los tabloides. Quien no considere que los campeones de 1967 en Lisboa fueron en realidad unos leones, ha perdido la capacidad de imaginar. Quien no vea que el origen no define el infortunio, que a veces la voluntad supera el nacimiento, que quien lucha y casi siempre es derrotado encuentra en los pequeños momentos la grandeza, ha olvidado lo que es la vida. Quien diga que el Barcelona perdió, no que el esfuerzo y la determinación marcaron la celebración de esos 125 años en Glasgow, no sabe que esta victoria estará por siempre en los libros justos de la historia.

Peruanos de importación (I)

 

Conocí a Cristian Benavente una tarde del 2009, en Madrid. Mi amigo Víctor Zaferson, hábil como nadie para encontrar futbolistas peruanos incluso debajo de las piedras, me había advertido sobre la existencia de este hijo de madre peruana que jugaba en las divisiones inferiores del Real Madrid. Valía la pena sacrificar una tarde de un viaje vacacional para conocer a ese chico y, con suerte, traer una exclusiva para Deporte Total.

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Pequeña joya dominical

Gol del francés Bakambu. Villarreal 2 – 0 Sporting de Gijón

 

Messi y los deliciosos debates estériles

Por Jaime Cordero

El fútbol está lleno de preguntas que no tienen sentido, pero igual se hacen. Como cuando acaba un partido cualquiera y el reportero a pie de campo se acerca al jugador que le queda más cerca y le pregunta: “¿contento con el triunfo?” O como cuando los expertos debaten: “¿es Pelé mejor que Maradona?”, “¿Es Messi mejor que los dos?” No hay respuesta que realmente valga la pena para cuestiones así. El jugador, todavía jadeante, contestará que sí, que está satisfecho y balbuceará algunas fórmulas de compromiso para elogiar a su rival y señalar que ya está pensando en el próximo partido. Los expertos (los de verdad y los de mentira) podrán argumentar de miles de maneras sobre quién es a su entender el mejor de la historia y dará lo mismo porque el veredicto nunca será concluyente. Es la pregunta por llenar un vacío. Es la discusión por el mero afán de discutir. Es discrepancia por gusto.

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Neymar, el último gran poeta del fútbol

Por Bruno Rivas

Cuando Pier Paolo Pasolini (1922-1975) hablaba de fútbol solía soltar frases felices. Para el cineasta y literato italiano, el fútbol era el único gran rito contemporáneo, superior al cine y verdadero reemplazante del teatro. Tanta era la pasión de Pasolini por el balompié que llegó a compararlo con el lenguaje. En su sistema de símbolos, el gol es la máxima expresión y aquellos jugadores capaces de marcarlos y regatear a sus rivales son considerados poetas. Más bien aquellos futbolistas que se escudan en la táctica y el orden colectivo son ubicados en la categoría de prosistas. En la década en que el intelectual italiano planteó ese sistema los grandes poetas eran los brasileños, mientras que los mejores prosistas eran los italianos.

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La sinrazón peruana

Por Fabrizio Tealdo

Dentro de las carencias del fútbol peruano, el Callao y La Victoria se han mantenido por décadas como las principales zonas de formación de jugadores. Y dentro del Callao y La Victoria, son Alianza Lima y la Academia Deportiva Cantolao las principales canteras. Cantolao y Alianza han hecho su parte en el deber formativa. Basta revisar la procedencia de algunos jugadores de la selección peruana: Farfán, Guerrero, Carrillo, Pizarro, Zambrano, el chalaco Lobatón —antes de pasar a Cristal— entre otros, surgen de Alianza o Cantolao. Si se repasan los históricos, “Cachito” Ramírez salió del Boys, Barbadillo del Callao, y los históricos de Alianza son mayoritarios (Cubillas, Cueto, Velásquez, en fin), y en una época, Municipal promocionó jugadores como “El cholo” Sotil, oriundo de Ica. La ‘U’ también dio lo suyo, aunque sus logros no son directamente proporcionales a la formación de base.

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Solo tenemos ficción

Allá por julio del 2006, Zinedine Zidane cometía una de las acciones más recordadas de las finales de los mundiales de fútbol. En el que fuera el último partido de una de las máximas estrellas que nos ha brindado este deporte, el diez francés le propinó un cabezazo sin contemplaciones al defensa italiano Marco Materazzi. Su brillante carrera terminaba manchada por un arrebato impropio de un jugador de su categoría. Por esos días, su brillante trayectoria parecía resumida a ese exabrupto. Hasta que de repente la ficción salió en su rescate. Javier Marías publicó en su columna semanal de El País una sólida defensa de la figura del Real Madrid. En ella, la agresión le otorgaba un mayor lirismo a su despedida. En sus palabras su último partido ya no tenía los ingredientes empalagosos de “las historias edificantes, ejemplares de superación” sino más bien un “relato hondo, extraño, quebrado, rugoso” más ligado a la buena literatura. Gracias a la ficción, Zidane recuperaba su estatura de gigante del fútbol. Seguir leyendo “Solo tenemos ficción”

River, de los lamentos del ‘Tano’ Pasman a la celebración de Cavenaghi

por Bruno Rivas

La ruta ya la había trazado Dante hace más de seiscientos años. A veces para llegar a la gloria es preciso realizar una parada en el infierno. Aún permanece en las retinas de los hinchas, y no tan hinchas, del fútbol aquel video de You Tube en el que un fanático del club ‘millonario’ hizo célebre la frase “!Estamos en la B!”. Los gritos del Tano’ Pasman eran la expresión perfecta de toda la rabia de una hinchada que nunca se imagino sufrir una de las peores vergüenzas que puede pasar un club grande: perder la categoría.

Sin embargo, el descalabro vivido en la primera mitad del 2011 sirvió para que el club de la franja se reforzara. Para el campeonato de ascenso se incorporaron figuras nacidas en River y con experiencia internacional como Fernando Cavenaghi, Alejandro Dominguez y Leonardo Ponzio. La dirección también fue tomada por otro histórico del club, Matías Almeyda. Incluso el campeón mundial francés David Trezeguet, confeso hincha del ‘millonario’, llegó para la segunda parte del torneo. Gracias a River cumplió el objetivo: ganó la B y el derecho a ser de primera.

Para el 2013, el club ‘millonario’ volvió a apelar a su identidad. Volvió a convocar a Ramón Diaz, estrella de la década del ochenta y el técnico más exitoso de su historia. El otrora goleador prometió devolverle al equipo el juego vistoso que lo caracterizó por décadas. Su apuesta obtuvo resultados inmediatos. River se alzaría con el título del Campeonato Inicial, en una campaña que incluyó una victoria sobre Boca Juniors de visitante, resultado que no obtenía en diez años. Tras alcanzar la gloria, Ramón Diaz deja el equipo y lo sucede uno de sus pupilos: Marcelo ‘El Muñeco’ Gallardo. El otrora diez de los riverplatenses obtendría en el 2014 la Copa Sudamericana y en febrero de este año la Recopa Sudamericana, títulos que nunca había ganado. Sin embargo, aún quedaba una tarea pendiente. La Copa Libertadores, esquiva desde hace diecisiete años, era el nuevo objetivo.

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Para los que crecimos viendo el fútbol de la década del noventa nos queda el recuerdo de la gran campaña de River Plate en la Copa Libertadores de 1996. El cuadro dirigido por Ramón Diaz estaba repleto de estrellas de la talla de Germán Burgos, Celso Ayala, Ariel ‘El Burrito’ Ortega, Hernan Crespo y el gran Enzo Francescoli. El cuadro era tan abundante en talento que se daba el lujo de tener en la banca de suplentes al ‘Muñeco’ Gallardo y Gabriel Amato. Entre las imágenes inolvidables de esa campaña se encuentran el gol de chalaca de Crespo en la victoria 4 a 1 sobre Cristal, los desbordes del ‘Burrito’ y a Francescoli levantando en hombros la Copa. Esa gloriosa performance no se volvió a repetir hasta ayer.

Sin duda el campeonato y el equipo de River que ganó la Copa Libertadores el miércoles está bastante lejos al del 96; sin embargo, mostró coraje en los momentos indicados. Cuando parecía que se quedaba fuera en la primera ronda, un empate in extremis con Tigres en México y una goleada sobre San José en Buenos Aires le devolvieron la vida. Luego, en cuartos tras perder 1 a 0 de local, goleó 3 a 0 a Cruzeiro en Belo Horizonte. Una hazaña que lo ubicó como el gran candidato a alzarse con la Copa. En la final se volvió a enfrentar a Tigres en un emparejamiento que solo pudo definirse en el minuto 44 de la vuelta con el gol de Lucas Alario. Si bien ganó 3 a 0 en el Monumental de Nuñez, los ‘millonarios’ tuvieron que apretar los dientes durante los 180 minutos.

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Uno de los grandes méritos de Gallardo es el de haber sabido rendir tributo a su paso por la B. Cuando pocos lo esperaban le dio la titularidad y la capitanía a Cavenaghi, el delantero que dejó Europa para jugar en la segunda división. Ponzio, otro de los refuerzos de la etapa más oscura también fue figura del equipo. Ambos tuvieron un lugar de excepción en la ceremonia de alzamiento de la copa, especialmente Cavenaghi que se va del equipo. Queda la impresión de que el paso por el infierno sirvió para la obtención de la tercera libertadores. El ejemplo de River podría servir a muchos equipos que no saben como sobreponerse a la derrota vergonzosa.

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