Hace ya sus buenos años, cuando yo apenas empezaba en el periodismo, Roberto Challe quiso golpearme. Al menos así lo hizo saber un día a la salida de un entrenamiento de la U. Corría el año 2000 y yo, en uno de mis primeros textos como periodista de una revista deportiva, había relatado ciertas intimidades del vestuario y las concentraciones cremas que mejor no vuelvo a contar. No vaya a ser que Roberto, que otra vez está al frente de la U, se moleste de nuevo conmigo y me quiera pegar otra vez.
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