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Deporte – ciencia

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brunorivas

El chivo expiatorio, un relato tranquilizador

Todos los pueblos necesitan de relatos para constituirse. Se construyen a partir de historias que ayudan a generar una identidad colectiva. En ellas siempre están presentes padres fundadores, un carácter común construido a partir de episodios y batallas, enemigos que representan todo lo que no es el pueblo, y en algunos casos, un traidor, un chivo expiatorio al que se le puede culpar de todos los males que sufre la población. En los últimos treinta años, el pueblo peruano se ha especializado en crear relatos llenos de chivos expiatorios. Y muchos de ellos aparecían ataviados con la camiseta de la sección nacional.

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Neymar, el último gran poeta del fútbol

Por Bruno Rivas

Cuando Pier Paolo Pasolini (1922-1975) hablaba de fútbol solía soltar frases felices. Para el cineasta y literato italiano, el fútbol era el único gran rito contemporáneo, superior al cine y verdadero reemplazante del teatro. Tanta era la pasión de Pasolini por el balompié que llegó a compararlo con el lenguaje. En su sistema de símbolos, el gol es la máxima expresión y aquellos jugadores capaces de marcarlos y regatear a sus rivales son considerados poetas. Más bien aquellos futbolistas que se escudan en la táctica y el orden colectivo son ubicados en la categoría de prosistas. En la década en que el intelectual italiano planteó ese sistema los grandes poetas eran los brasileños, mientras que los mejores prosistas eran los italianos.

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Solo tenemos ficción

Allá por julio del 2006, Zinedine Zidane cometía una de las acciones más recordadas de las finales de los mundiales de fútbol. En el que fuera el último partido de una de las máximas estrellas que nos ha brindado este deporte, el diez francés le propinó un cabezazo sin contemplaciones al defensa italiano Marco Materazzi. Su brillante carrera terminaba manchada por un arrebato impropio de un jugador de su categoría. Por esos días, su brillante trayectoria parecía resumida a ese exabrupto. Hasta que de repente la ficción salió en su rescate. Javier Marías publicó en su columna semanal de El País una sólida defensa de la figura del Real Madrid. En ella, la agresión le otorgaba un mayor lirismo a su despedida. En sus palabras su último partido ya no tenía los ingredientes empalagosos de “las historias edificantes, ejemplares de superación” sino más bien un “relato hondo, extraño, quebrado, rugoso” más ligado a la buena literatura. Gracias a la ficción, Zidane recuperaba su estatura de gigante del fútbol. Seguir leyendo “Solo tenemos ficción”

Cuando el dinero se retira

Mayweather

por Bruno Rivas

La wikipedia ya describe a Floyd ‘Money’ Mayweather como un ex boxeador profesional. Si le creemos al que fuera campeón mundial en cinco divisiones distintas, la pelea realizada contra André Berto habría sido la última de su brillante carrera. Una en la que, como es su costumbre, ganó sin complicaciones y en la que se dio el lujo hasta de bailar.  El sábado, al concluir el combate, se arrodilló y miró al cielo como agradeciendo al altísimo por haber igualado el récord de 49-0 de Rocky Marciano, una de las máximas glorias del pugilismo. Posteriormente, en entrevista en el ring se ratificó en su deseo de abandonar los cuadriláteros. Para ‘Money’ ha llegado el momento de descansar. Seguir leyendo “Cuando el dinero se retira”

River, de los lamentos del ‘Tano’ Pasman a la celebración de Cavenaghi

por Bruno Rivas

La ruta ya la había trazado Dante hace más de seiscientos años. A veces para llegar a la gloria es preciso realizar una parada en el infierno. Aún permanece en las retinas de los hinchas, y no tan hinchas, del fútbol aquel video de You Tube en el que un fanático del club ‘millonario’ hizo célebre la frase “!Estamos en la B!”. Los gritos del Tano’ Pasman eran la expresión perfecta de toda la rabia de una hinchada que nunca se imagino sufrir una de las peores vergüenzas que puede pasar un club grande: perder la categoría.

Sin embargo, el descalabro vivido en la primera mitad del 2011 sirvió para que el club de la franja se reforzara. Para el campeonato de ascenso se incorporaron figuras nacidas en River y con experiencia internacional como Fernando Cavenaghi, Alejandro Dominguez y Leonardo Ponzio. La dirección también fue tomada por otro histórico del club, Matías Almeyda. Incluso el campeón mundial francés David Trezeguet, confeso hincha del ‘millonario’, llegó para la segunda parte del torneo. Gracias a River cumplió el objetivo: ganó la B y el derecho a ser de primera.

Para el 2013, el club ‘millonario’ volvió a apelar a su identidad. Volvió a convocar a Ramón Diaz, estrella de la década del ochenta y el técnico más exitoso de su historia. El otrora goleador prometió devolverle al equipo el juego vistoso que lo caracterizó por décadas. Su apuesta obtuvo resultados inmediatos. River se alzaría con el título del Campeonato Inicial, en una campaña que incluyó una victoria sobre Boca Juniors de visitante, resultado que no obtenía en diez años. Tras alcanzar la gloria, Ramón Diaz deja el equipo y lo sucede uno de sus pupilos: Marcelo ‘El Muñeco’ Gallardo. El otrora diez de los riverplatenses obtendría en el 2014 la Copa Sudamericana y en febrero de este año la Recopa Sudamericana, títulos que nunca había ganado. Sin embargo, aún quedaba una tarea pendiente. La Copa Libertadores, esquiva desde hace diecisiete años, era el nuevo objetivo.

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Para los que crecimos viendo el fútbol de la década del noventa nos queda el recuerdo de la gran campaña de River Plate en la Copa Libertadores de 1996. El cuadro dirigido por Ramón Diaz estaba repleto de estrellas de la talla de Germán Burgos, Celso Ayala, Ariel ‘El Burrito’ Ortega, Hernan Crespo y el gran Enzo Francescoli. El cuadro era tan abundante en talento que se daba el lujo de tener en la banca de suplentes al ‘Muñeco’ Gallardo y Gabriel Amato. Entre las imágenes inolvidables de esa campaña se encuentran el gol de chalaca de Crespo en la victoria 4 a 1 sobre Cristal, los desbordes del ‘Burrito’ y a Francescoli levantando en hombros la Copa. Esa gloriosa performance no se volvió a repetir hasta ayer.

Sin duda el campeonato y el equipo de River que ganó la Copa Libertadores el miércoles está bastante lejos al del 96; sin embargo, mostró coraje en los momentos indicados. Cuando parecía que se quedaba fuera en la primera ronda, un empate in extremis con Tigres en México y una goleada sobre San José en Buenos Aires le devolvieron la vida. Luego, en cuartos tras perder 1 a 0 de local, goleó 3 a 0 a Cruzeiro en Belo Horizonte. Una hazaña que lo ubicó como el gran candidato a alzarse con la Copa. En la final se volvió a enfrentar a Tigres en un emparejamiento que solo pudo definirse en el minuto 44 de la vuelta con el gol de Lucas Alario. Si bien ganó 3 a 0 en el Monumental de Nuñez, los ‘millonarios’ tuvieron que apretar los dientes durante los 180 minutos.

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Uno de los grandes méritos de Gallardo es el de haber sabido rendir tributo a su paso por la B. Cuando pocos lo esperaban le dio la titularidad y la capitanía a Cavenaghi, el delantero que dejó Europa para jugar en la segunda división. Ponzio, otro de los refuerzos de la etapa más oscura también fue figura del equipo. Ambos tuvieron un lugar de excepción en la ceremonia de alzamiento de la copa, especialmente Cavenaghi que se va del equipo. Queda la impresión de que el paso por el infierno sirvió para la obtención de la tercera libertadores. El ejemplo de River podría servir a muchos equipos que no saben como sobreponerse a la derrota vergonzosa.

CR7, la marca sin conciencia social

por Bruno Rivas

Nunca está de más preguntarse en qué piensan los futbolistas hoy en día. Siendo algunos de ellos, ídolos de alcance global con acceso a millones de euros o dólares se vuelven válidas algunas interrogantes como: ¿Cuáles son los intereses que tiene Lionel Messi más allá de lo deportivo? ¿A Arjen Robben le preocupa la economía global? ¿Claudio Pizarro sufre por la desigualdad peruana? ¿Gianluigi Buffon desea un mundo mejor? Ninguna de esas preguntas son fáciles de responder ya que el acceso íntimo a dichos personajes es bastante limitado. Sin embargo, en algunas oportunidades ciertos cracks revelan las intimidades de los camerinos. En los últimos días, la estrella que dejó expuesto el subconsciente del fútbol fue Cristiano Ronaldo, la figura máxima del Real Madrid y para muchos el mejor jugador del mundo.    

El fin de semana pasado, el periodista Andres Oppenheimer publicó en sus redes sociales una accidentada entrevista que le hizo a CR7, el futbolista que ha hecho de su nombre una marca. Como se puede observar en el video ante la pregunta de si a los futbolistas le preocupa el escándalo de corrupción de la FIFA, el delantero portugués señaló muy suelto de huesos que a él no “le preocupa nada”. Ronaldo indicó que él habla con sus compañeros de otras cosas. Según el tres veces Balón de Oro, música, mujeres, moda, peinados, joyas e incluso maletas, de joyas son temas mucho más tocados en los vestidores. Al camarín del Real Madrid, el equipo más importante del siglo XX le importa muy poco el manejo del fútbol mundial. Mientras reciban dinero para lucir como hombres de éxito, no hay por qué alzar la voz contra los que ostentan el poder.

ZURICH, SWITZERLAND - JANUARY 07:  FIFA president Joseph S. Blatter greets Cristiano Ronaldo during the red carpet arrivals at the FIFA Ballon d'Or Gala 2012 at the Kongresshaus on January 7, 2013 in Zurich, Switzerland.  (Photo by Alexander Hassenstein - FIFA/FIFA via Getty Images)

Quizás sea injusto culpar a CR7 de su poco interés en los temas de fondo. Finalmente, figuras como CR7 o Messi, quien tampoco se ha visto muy interesado en brindar declaraciones sobre el escándalo de la FIFA o sobre sus impuestos, son el producto de nuestros tiempos. Ambas estrellas obedecen a las demandas actuales a gozar tanto en el campo de juego como fuera de él. Al fin y al cabo si la mayor parte del mundo está más preocupado por acumular que por cambiar el mundo, ¿por qué tendríamos que exigirle a las grandes estrellas mediáticas que hagan la diferencia? Cristiano Ronaldo es la marca CR7 sin conciencia social que representa perfectamente a la sociedad actual. Si todavía le cabe duda de que el deporte refleja lo que ocurre en el mundo, aquí tiene una prueba más.

El recogebolas vuelve a meterse a la cancha

Por Bruno Rivas

El lunes, en medio de un visionado de documentales de box, les dije a mis amigos Jaime, el mismo de este blog, y Óscar que hoy en día el deporte está cada vez más alejado de la hazaña. Señalé que los cambios sociales y culturales que han modificado al mundo han provocado que cada vez sea más difícil que un deportista profesional apueste por el romanticismo, por el simple amor por el juego. Actualmente, un ídolo del Atlético Madrid no tiene problemas en mudarse a Barcelona o un campeón de box elige sus combates en virtud de los dígitos que tendrá su cuenta bancaria. Sin embargo, mientras lanzaba mis discursos atemporales, un futbolista me demostraba que aún existen los que le dan la contra al espíritu de la época. Ese mismo día, Carlos Tevez concretaba su regreso a la Bombonera de Boca Juniors.

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Tevez con su tío Segundo

El relato que acompaña a Tevez no es muy distinto a los de los boxeadores que hicieron historia. Por ejemplo, sus orígenes son muy similares a los que tuvo Mike Tyson. Al igual que el boxeador estadounidense su infancia estuvo marcada por la ausencia y vicios de sus progenitores y creció en una zona en donde imperaba la delincuencia. El Brooklyn de Tyson de los setenta era el Fuerte Apache de Tevez de la última década del siglo XX. Ambos barrios tatuaron su espíritu y por eso no es casualidad que al delantero argentino lo apoden ‘el apache’ Solo las intervenciones de personajes que cumplieron el rol de padres adoptivos evitaron que las estrellas fueran absorbidas por un ambiente corruptor. Si Tyson fue rescatado por su entrenador Cus D’Amato, Carlitos recibió el apellido de su tío materno Segundo Tevez. No obstante, el tío Segundo logró mejores resultados que D’Amato. Tevez ha sabido mantenerse lejos del mundo de los vicios, de ese que suele hundir a los mejores talentos del deporte.

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Si bien sus primeros pasos fueron el All Boys, en 1997 cumplió el sueño de jugar en el club del que es hincha a muerte: el Boca Juniors. Las fotos que se tomó en su época de recogebolas con figuras como Palermo, Barros Scheloto y Riquelme, con los que luego jugaría, revelan la devoción que tenía por la azul y oro. Con Boca ganó casi todos los títulos posibles, Apertura, Libertadores, Sudamericana, Intercontinental, estuvieron entre sus logros. Tras un corto período en Brasil, en donde también campeonó, siguió el camino esperado y dio el salto a Europa. En el club inglés siguió cosechando títulos. El argentino sumó a su nutrido escaparate dos Premier League, Carling Cup, Community Shield, Champions League y Mundial de Clubes. Su historia de éxito la continuó en el otro lado de la ciudad. Con el Manchester City siguió ganando torneos locales. A pesar de una controversia con el técnico Roberto Mancini que lo alejó de las canchas casi una temporada completada, salió del club con una marca de 73 goles en 148 partidos. La última etapa de su brillante carrera europea la tuvo en Italia. Con la diez de Alessandro del Piero tuvo dos temporadas de ensueño que estuvo cerca de coronar con su segunda Champions League. Solo el Barza de Messi, Neymar y Suárez pudo detenerlo.

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A sus 31 años, Tevez ha demostrado que tiene suficiente fútbol para seguir en los grandes de Europa. Sin embargo, ha realizado un acto de amor y ha vuelto a casa. No quiso retornar cuando sus energías no le permitieran aportar al máximo nivel. “Vuelvo en mi mejor momento. Estoy mejor que nunca física y mentalmente”, afirmó en la conferencia de prensa en la que firmó contrato. Ha regresado para servir de ejemplo a los más chicos y para volver a llevar a Boca a la cúspide del continente. Puro romanticismo, cero cálculo económico. El recogebolas ha vuelto, quizás el deporte sería más lindo si hubieran más hinchas que se metan a la cancha.

Mira los mejores diez goles de Tevez en Boca

Chile, el campeón adecuado

por BRUNO RIVAS

Chile es un justo campeón. Sería mezquino no reconocerlo. En un torneo en el que se jugó al límite de lo permitido -en realidad la línea fue cruzada en muchas oportunidades- fue la selección que supo sobrevivir. En un campeonato que tuvo por momentos aires de batalla campal, la roja fue la escuadra que le sacó provecho a su conocimiento del terreno. Chile alcanzó la gloria en una Copa América que se ajustó a su medida.

Mucho se ha comentado sobre fallos arbitrales que favorecieron al local. Sin embargo, los errores de los colegiados se dieron en varios partidos del torneo. No solo Chile se benefició de las fallas. Venezuela, Colombia, Uruguay e incluso el Perú le sacaron provecho a una mala decisión arbitral.   El juego violento fue permitido durante toda la copa y las grandes estrellas venidas de Europa lo sufrieron. Neymar, Messi, Cavani, James, fueron golpeados una y otra vez. Este ambiente inclinó la balanza hacia los equipos que tienen vocación por la destrucción.

La primera sorpresa del campeonato, la victoria de Venezuela sobre Colombia, fue la que marcó la ruta de lo que iba a ser el campeonato. El triunfo de la vinotinto, basado en el orden y en la desconexión de los circuitos del rival, indicó que iba ser un torneo en el que las defensas se iban a imponer sobre los ataques. Si Perú y Paraguay lograron llegar a las instancias finales del campeonato fue por su aplicación en sus retaguardias. El orden y la disciplina de sus equipos le dieron réditos a Ricardo Gareca y a Ramón Diaz y les otorgaron el tercer y cuarto puesto respectivamente.

Por lo tanto, en un campeonato como el descrito parece lógico que haya triunfado la propuesta de Sampaoli. Las grandes hazañas de la roja se han basado en mantener el orden y presionar al rival en los partidos cruciales. Aplicando esa estrategia sacó de carrera a España y estuvo a un palo de eliminar a Brasil en el mundial del 2014. Aceptar la condición de escuadra menor le calza perfecto a Chile. Justamente por eso le costó sacar adelante partidos en los que partía como favorito. Si sufrió para ganarle a Ecuador, Uruguay y Perú y empató en extremis con México, es porque no se siente cómodo a la ofensiva. Le cuesta mucho saber que no está en la obligación de ahogar a los creativos rivales. Claramente, ese problema no lo tuvo en la final contra Argentina.

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La albiceleste llegó como clara favorita a la final de Santiago. Durante todo el campeonato había mostrado el mejor juego y parecía haber llegado a su pico de rendimiento en la goleada de 6 a 1 sobre Paraguay. Sin embargo, los fantasmas que la persiguen desde hace 22 años volvieron a aparecer en el estadio Nacional. Argentina volvió a dejar en claro que se ha olvidado de ganar. Tal como ocurrió contra Colombia en cuartos y en la final del mundial contra Alemania, sus estrellas fallaron en los últimos metros. Pese a que tienen todo para convertirse en el imperio continental con miras mundiales, no son capaces de dar el golpe final. Los albicelestes vuelven a fracasar en sus gestas internacionales.

A diferencia de su rival, Chile sí mostró temple en la batalla final. Se paró firmemente en zonas defensivas y logró desconectar a la artillería albiceleste. Diaz, Medel y Vidal se erigieron como baluartes y se impusieron sobre las estrellas argentinas. La roja llevó el partido a su ritmo asfixiando a su rival. Su estrategia paciente indicaba que los sueños estaban convencidos que el paso del tiempo solo podía favorecerlo. En los tiros de penal mostró que la escuadra de Sampaoli no le tiene miedo al triunfo. Chile ha conquistado América por primera vez. Quizás no le alcance para triunfar luego en campañas mundialistas pero hoy por hoy posee merecidamente el podio continental.  

El Perú sigue calato

por BRUNO RIVAS

“Quienes olvidan o desprecian la historia están condenados a repetir los mismos errores de ella”, afirmaba Jorge Basadre en el siglo pasado. Décadas después, su frase no pierde vigencia en el Perú. Como prueba tenemos al derroche de optimismo que ha despertado la dignísima participación de la selección de fútbol en la Copa América de Chile. Tras el tercer puesto obtenido, no son pocos los que creen que nuestra clasificación al mundial de Rusia 2018 ya está asegurada. Parecen haberse olvidado de las graves carencias del balompié nacional. Como en ocasiones anteriores, se niegan a aceptar que el Perú, el seleccionado, sigue calato.

Pasada la resaca del triunfo contra Paraguay y la de la celebración por el merecido logro obtenido por el conjunto de Gareca, es importante volver a pisar tierra. Vale la pena hacer una serie de preguntas: ¿Realmente ha crecido el fútbol peruano en esta nueva etapa? ¿Es posible clasificar al mundial con el equipo con el que contamos? ¿Qué tan relevante es la obtención del tercer puesto en la Copa? Para responder esas interrogantes es necesario repasar la historia y mirar nuestro presente.

El gran acierto del libro “El Perú está calato” (Ganoza y Stiglich 2015) es el de poner en evidencia una realidad que muchos no quieren ver: que no hay razones para creer que se está dando un milagro económico peruano. Lo que propone el texto es que el alto crecimiento obtenido por el país en los últimos diez años ha generado un optimismo exagerado que impide que se vean los graves problemas institucionales que sufre nuestro país. Más bien, los autores afirman que el país es víctima de seis trampas que deben ser develadas. Solo aceptándolas podremos tener una visión adecuada de la realidad. Algunas de ellas se aplican muy bien a nuestro fútbol.

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La trampa del milagro futbolístico. Hay quienes afirman que Gareca ha logrado un milagro. Sostienen que ahora la selección peruana ha recuperado su estilo y que juega como en los mejores momentos del fútbol nacional. De seguir esa senda lograremos ser competitivos y con suerte clasificar al mundial. No obstante, es importante preguntarnos si no hemos tenido antes un período de crecimiento similar. Ahora son pocos los que recuerdan que a Sergio Markarián, el anterior técnico de la selección, le decían ‘el mago’. La gran performance que logró con un equipo parchado en la Copa América de Argentina 2011 parecían validar su apodo. El tercer puesto en Argentina provocó que muchos se llenaran de confianza y pensaran que la clasificación a Brasil 2014 era más que una posibilidad. Un par de años después, Markarián era acusado de vago y argollero por los resultados negativos obtenidos. Como ya es historia conocida no clasificamos al mundial. La magia se acabó y nadie entendía por qué. Pocos eran los que tomaban en cuenta que nuestros logros en Argentina descansaban, en gran parte, en factores externos. En esa oportunidad clasificamos como tercero en el grupo gracias a que enfrentamos a una selección mexicana sub 20 y vencimos en cuartos de final a una selección colombiana muy distinta que la que participó en las eliminatorias. Si bien tuvimos un buen desempeño también ayudó la falta de jerarquía de nuestros rivales. Ahora con Gareca ha ocurrido algo similar. Los factores externos también han jugado. Empezamos enfrentándonos a la peor Brasil de todos los tiempos y luego vencimos a una Venezuela que jugó setenta minutos con diez hombres. En el partido definitorio de la primera ronda, ‘ratoneamos’, al mismo estilo de Markarián, frente una Colombia que volvió a mostrar su falta de jerarquía. En cuartos tuvimos la suerte de encontrarnos con Bolivia, un equipo muy débil que solo llegó a esa instancia gracias a unos veinte minutos de ensueño frente a Ecuador. Con Chile, mostramos nuestra mejor cara en la adversidad pero finalmente perdimos. En la última presentación le ganamos a Paraguay en un partido que por momentos tuvo ambiente de amistoso. No es el espíritu de este post restarle méritos a la selección, finalmente hizo su juego en cada partido que disputó, pero es difícil creer en un milagro futbolístico tomando en cuenta esas circunstancias.

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La trampa de las fábricas sin milagros. En la última década algunas selecciones de menores le dieron alegrías a la afición. Los ‘jotitas’ que en el 2007 clasificaron al mundial sub 17 de Corea del Sur y la sub 20 que logró avanzar al hexagonal final del sudamericano del 2013 fueron la esperanza de una renovación del fútbol peruano. Sin embargo, las máximas estrellas de ambos cuadros o fracasaron en su transición al profesionalismo o no han logrado despegar en sus clubes. Mientras Manco obtiene más titulares por sus excesos que por sus actuaciones en el UTC de Cajamarca y Alonso Bazalar es casi un ex jugador; Yordy Reyna y Benavente no logran trascender en el fútbol de alto nivel. Asimismo, en el torneo local no brillan figuras jóvenes que sean capaces de ser el relevo para los actuales seleccionados. No es casualidad que Gareca haya tenido que recurrir a jugadores experimentados como Pizarro o Lobatón para completar el equipo. No hay recambio para Farfán y Guerrero, nuestras dos últimas grandes perlas, jugadores que ya están por encima de los treinta años. Y sin fábricas capaces de generar productos de exportación es casi imposible poder llegar a la más alta competencia. Sin fábricas no hay milagros mundialistas.

AREQUIPA, 19 DE DICIEMBRE DEL 2003. CIENCIANO DEL CUSCO CERRO UNA MAGNIFICA CAMPANA EN LA COPA NISSAN SUDAMERICANA AL DERROTAR A RIVER PLATE DE ARGENTINA CON UN GOL ANOTADO DE TIRO LIBRE. FUE LA PRIMERA VEZ QUE UN EQUIPO PERUANO ALCANZA EL MAXIMO GALARDON EN UN TORNEO CONTINENTAL. CON ESTE TRIUNFO CIENCIANO DEJO DE SER UN EQUIPO CHICO PARA CONVERTIRSE EN UNO DELOS GRANDES DEL FUTBOL PERUANO Y SUDAMERICANO. OPSE_2003DIC30_PERU_FUTBOL_COPA SUDAMERICANA 2003_PARTIDO FINAL_CIENCIANO_RIVER PLATE_OBTENCION DE TITULO_CELEBRACION_JUGADORES_CON LA COPA_CREDITO GERMAN FALCON/EL COMERCIO PERU_2003DIC30_AFD

Las trampas de la informalidad y de los clubes perdidos. En las competiciones internacionales es una constante las eliminaciones tempranas de los equipos peruanos. En la última edición de la Copa Libertadores fue bastante doloroso ver cómo los clubes naciones eran eliminados pese a tener todo a su favor. El único hecho destacable de un equipo peruano ha sido la brillante campaña del Cienciano en el 2003-2004 que le permitió ganar la Copa Sudamericana y la Recopa. Sin embargo, el equipo cuzqueño no supo sacarle provecho a ese momento de gloria y actualmente sigue careciendo de instalaciones propias, tiene deudas millonarias y hoy lucha por permanecer en primera división. Y el caso del Cienciano no es el único, los dos equipos más populares del país, Alianza Lima y Universitario de Deportes, sobreviven de administración temporal en administración temporal y no son capaces de superar sus problemas económicos e institucionales. Y es que el fútbol es el reflejo de una sociedad que vive en la informalidad. Son pocos los clubes nacionales que pueden ser incluidos en la economía formal por su cumplimiento en pagos y por contar con las instalaciones y recursos adecuados. En consecuencia lo que tenemos es un campeonato paupérrimo que aleja al espectador de las canchas. A pesar de que ahora, gracias al correcto desempeño de la selección en la Copa, algunos analistas digan que nuestro torneo no es tan malo; la realidad es otra. Equipos como los nuestros poco pueden aportar a un desarrollo sostenido de nuestro fútbol y a la clasificación a un mundial.

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La trampa de un Estado débil. El Perú es un país en el que la educación física no es obligatoria. Al parecer al Estado el deporte solo le interesa cuando se cosecha un logro. Deja en manos de cada individuo la posibilidad de desarrollarse en una disciplina deportiva. Esa es solo una muestra de cómo el Estado está ausente en varios ámbitos de nuestra sociedad. Lo que genera esta situación son ciudadanos que no se sienten respaldados por las instituciones y ven cómo sobrevivir por su cuenta. Eso explica la expansión del individualismo y la falta de compromiso con la comunidad. Es en esas circunstancias que se pueden entender declaraciones como la del díscolo seleccionado Andrés Mendoza en las que señalaba que perdía plata por jugar por Perú y que por eso la afición no debía exigirle nada. Finalmente, muchos jugadores han encontrado en el fútbol el vehículo para salir de la pobreza y no sienten que le deban algo a su patria. Por lo tanto, en una sociedad en la que el ciudadano es abandonado a su suerte es difícil que se forme un compromiso colectivo que implique una dedicación a largo plazo como es la clasificación a un mundial. Ya hemos visto como proceso tras proceso jugadores de gran categoría han preferido dedicarse a la juerga antes que concentrarse para sacar adelante un partido. No cabe duda que esta trampa ha estado y sigue presente desde hace mucho tiempo.

Todas estas trampas provocan que sea totalmente pesimista sobre el futuro de la selección en las eliminatorias. Creo que mientras no se superen esos problemas no tenemos opción de llegar a la gran cita futbolística. Sin embargo, esto no significa que dejemos de hacer todo lo posible por llegar. Es loable que Paolo Guerrero diga que nunca bajará los brazos y que Gareca defienda a sus jugadores y al campeonato peruano pero la realidad juega contra ellos. Finalmente son titánicos emprendedores que tienen al sistema en contra. En estos momentos es más importante que se superen las trampas que entorpecen a nuestro fútbol. De lo contrario solo estaremos replicando los errores de nuestro pasado. No habremos aprendido nada, tal y como lo dijo Basadre.

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