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Deporte – ciencia

mes

junio 2015

Colombia, el nuevo productor de materias primas

por BRUNO RIVAS

Durante décadas, en el intercambio de bienes mundial, al continente americano se le ha asignado el rol de productor de materia primas. Los más valiosos commodities de este lado del mundo han terminado en las zonas más desarrolladas del planeta. Como resultado de ese intercambio, las joyas de Latinoamérica terminan siendo pulidas y aprovechadas por los países más poderosos de Europa. Durante décadas, los negociantes europeos centraron sus inversiones en las zonas cercanas al Atlántico. No obstante, la producción de los últimos años los está empujando hacia el oeste. Ahora tienen que mirar hacia Colombia.

El encuentro entre Colombia y Brasil ha dejado bien en claro de dónde proceden actualmente las joyas de Latinoamérica. Si bien, la verdeamarela cuenta con el diamante en bruto más valioso del continente, Neymar; los cafeteros poseen una mayor cantidad de piedras preciosas. James, Cuadrado, Teo Gutiérrez, Bacca son solo algunas de las joyas con las que cuenta la escuadra tricolor. La mayoría de ellas han sido perfeccionadas en las mejores joyerías de Italia, España e Inglaterra y los resultados saltan a la vista. El exceso que antes provenía del gigante sudamericano ahora se ha trasladado a su vecino del oeste. Ahora los tacos y quiebres provienen del Mar Caribe, los tiros errados le pertenecen al otro lado de la Amazonía.

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Si bien Colombia vive actualmente en el lujo, es importante que sepa gestionar su condición de nuevo rico. No sería prudente limitarse a ser un productor de materias primas. Tiene que dar el paso a la industrialización ya que en otros campeonatos ya ha sufrido los resultados de no saber gestionar la riqueza. En instancias mundialistas ha terminado siendo eliminado por equipos con menos commodities. Incluso en Chile mostró su bache de siempre al caer frente a la árida Venezuela.

La victoria sobre Brasil en Santiago de Chile es una buena señal para los cafeteros. Ha logrado superar sin atenuantes al equipo que lo sacó de carrera un año atrás. Por fin ha reconocido su potencial y le ha sabido sacar provecho. Sin embargo, este es recién el comienzo. Aún tiene que demostrar que su producción está por encima de la que se cosecha en el Río de la Plata. Solo si muestra que su mercancía es superior a la argentina terminará de convencer a los inversores del Viejo Continente. El negocio aún no está cerrado.

El tiempo cuando Brasil fue un imperio

 En algún lugar de la historiografía del cual no quiero acordarme, se menciona que los imperios consideran imposible que su dominio termine. Son tan poderosos que les parece imposible que puedan superarlos. Perciben la realidad con ellos por encima del resto y ya se sabe de sobra que las percepciones tienen la tendencia a ser inalterables, basta que recuerden cualquier tema de racismo y sexualidad para confirmarlo. En suma, para los imperios no existe la idea de caída. Las invasiones bárbaras amenazaban la unidad de la Roma imperial, la inflación había llevado a España a la pobreza, la economía de Estados Unidos avisaba su próxima hegemonía en una mundo dominado por el imperio británico, sin embargo, ni romanos, ni españoles ni ingleses pensaron que su fin estaba cerca. Todos tomaron medidas para contrarrestar la crisis. Los romanos, por ejemplo, fortalecieron las fronteras y ensancharon el ejército, adoptaron la religión católica para que el espíritu del imperio se unificara, pero a pesar de la evidencia de cambio que esas transformaciones delataban, jamás pensaron que caerían.

Brasil descartó el jogo bonito con claridad desde USA 94 para recuperar un título que se les negaba hace más de veinte años. Su última final databa del primer Mundial a colores: México 70. Sólidos atrás y con estrellas como Romario y Bebeto resolviendo arriba, les bastó para ser el tetracampeón del mundo. A la selección del 2002, alineación plagada de estrellas, más allá de las dudas que su juego despertaba, le debieron dar la copa antes del debut. Incluso con ese plantel, Brasil no salía a proponer: priorizaba la solidez sobre el espectáculo.

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Mientras tuvieron figuras le alcanzó a la verde-amarela. De los noventas a la fecha levantaron cuatro Copas América y dos Copas del Mundo. Ahora que sólo Neymar y por ahí Dani Alves, ya si quieren Thiago Silva –un back, por Dios, ¡un back!– pueden llevarlos a mirarse al espejo sin sentir vergüenza, contemplan con desilusión el tiempo ido cuando eran el paradigma de la excelencia y la belleza. Hace 20 años, Brasil, como los romanos, perdieron la visión imperial para refugiarse en su feudo, sobrevivir en él y resguardarse para proteger lo que les quedaba de grandeza.

Cualquiera, o sea hasta Perú, sale a jugarle golpe a golpe a este Brasil. Una selección competitiva a nivel internacional como Colombia no le tuvo respeto al pentacampeón. En el primer tiempo propuso el ritmo y tuvo las más claras, hasta que abrió el resultado de bola parada. En los segundos 45’ Brasil salió a imponerse, bueno, no exageremos, a buscar el empate, pero la única realmente clara llegó por una desconcentración en defensa de los cafeteros. Colombia estuvo más cerca del segundo con remates de James y Cuadrado.

Cuando pasé por el Mundial 2014, quedé fascinado por la diversión con la que los brasileros toman el fútbol. Para ellos, el fútbol no es un duelo, es una fiesta. Jugaban Brasil-Colombia por cuartos de final y en Copacabana los muchachos preferían que ronde la cachaza que ver el partido en una lejana pantalla gigante. Vi el Brasil-Chile de octavos en una casa burguesa donde el anfitrión sacaba carne de la parrilla en pleno partido, los señores preferían conversar con alguna señorita generosa o pasear la cerveza antes que ver a los suyos. Yo y un puñado de brasileros estábamos pegados a la tele mientras unos veinte comensales disfrutaban de placeres más carnales. Paulatinamente se fueron acercando. Entonces me pareció que los brasileros tienen —o tenían— la bendición del ganador que sabe que de alguna manera va a sacar el partido, ya sea porque el rival va a equivocarse o porque alguna de sus figuras marcará la ventaja que el trámite del partido no delata; a los peruanos, por el contrario, nos sigue la maldición del perdedor, pero eso será tema para otro momento.

Los brasileros ven —o veían, al menos— los partidos con la confianza del dominio eterno. La ausencia de la muerte es un privilegio de los animales, no del ser humano, que por ese motivo busca el placer en el instante: lo que queremos, lo queremos ahora. Quizá por ello, cuando el final llega lo hace como una catástrofe. La tragedia se sufre, la catástrofe te paraliza. Después del 7-1 de Alemania en semifinales, sin mayores desmadres ni desmanes públicos, agacharon la cabeza y ahogaron las lágrimas en la almohada.

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Hasta esos primeros 45 minutos del “Mineirazo” seguían pensando que podían ser campeones del mundo, porque un brasilero no puede —o no podía— considerarse inferior a nadie, a pesar de las evidencias. Brasil, que por cierto fue un imperio hasta finales del siglo XIX, no podía ver el final terrible que hace mucho amenazaba.

Queda esperar la última fecha. Venezuela, aquella selección que en 1993 celebró el primer gol que le marcaba al todopoderoso Brasil por Eliminatorias, y lo celebraron aunque el partido terminó 5-1, puede asestar el golpe final a quienes fueron los emperadores del fútbol. Si Venezuela termina de invadir el pequeño feudo en el que se ha convertido su expresión futbolística, la visión rácana del temor a nuevas vergüenzas debería quedar olvidada. Sería lo mejor para el fútbol que Brasil regrese a la visión imperial, que suele estar más cerca de la belleza.

El pecado del ‘rey Arturo’

Por Juan Novoa

Lo sucedido el martes por noche con el volante chileno Arturo Vidal deja en evidencia que con el futbolista sudamericano no queda otra que tener mano dura. Ejemplos de excesos tenemos por doquier. Jugadores peruanos que se amanecen, futbolistas chilenos que se divierten, estrellas colombianas que se van de rumba. Todos están cortados por la misma cuerda.

Vidal aprovechó un permiso que le dio el seleccionador sureño Jorge Sampaoli e hizo lo que quiso. Ese tiempo que le dio su DT debía aprovecharlo para estar relajado, sin desgastar fuerzas; pero no, él optó por salir de Santiago para ir a un casino -junto a su esposa- y tomar unos tragos. Lo más grave es que de regreso a la capital chilena condujo bajo los efectos del alcohol su costosísimo Ferrari a gran velocidad perdiendo el control para terminar estrellándose.

El ‘Rey Arturo’ puso en riesgo no solo su integridad, sino también a su mujer y a otros conductores. Por gracia de Dios no se mató y no mató a otros.

No es la primera vez que un técnico le otorga libertad a sus jugadores y estos la desaprovechan. Sucedió con la misma escuadra chilena en 2011 cuando Vidal junto a Gonzalo Jara, Jean Beausejour, Carlos Carmona y Jorge Valdivia, llegaron con retraso a la concentración y en estado de ebriedad. Esto tras participar del bautismo del hijo del ‘Mago’. El ex entrenador argentino de Chile, Claudio Borghi, y la ANFP decidieron castigar a estos futbolistas con 20 partidos afuera de la selección. Después se redujo la sanción. Y eso es solo una muestra del largo historial de indisciplinas cometidos por jugadores mapochos.

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Pese a que Vidal cometió una falta grave, Jorge Sampaoli, DT de Chile, decidió no excluirlo de la selección pues antepuso el tema deportivo. Es que sin el volante de la Juventus, Chile pierde casi el 50% de su poderío. Total, para el ‘Hombrecito’ todo vale con tal de ganar la Copa América. Horas después, el ‘Rey Arturo’ compareció en una rueda de prensa donde -entre lágrimas- pidió disculpas a todo el mundo por su accionar, quizás olvidando que luego de su accidente se puso atrevido con los carabineros que lo intervinieron.

En lo personal, lo más loable me pareció la labor de los Carabineros que detuvieron al jugador pese a que -junto a Alexis Sánchez- es la gran figura de su selección. Vidal pasó la noche en custodia y llegó al juzgado donde le abrieron un proceso que, de acuerdo, a las leyes chilenas podría hasta llevarlo a prisión por conducir en estado de embriaguez.

Nuestro país no está exento de esos escándalos. Sergio Markarián, ex técnico de la selección peruana, fue muy permisivo con los jugadores. Durante casi todo el proceso eliminatorio para Brasil 2014 optó por no concentrar a sus jugadores. Estos aprovecharon las concesiones del ‘Mago’ para armar encerronas, salir a discotecas, tomar en la calle, etc. Como consecuencia hubo muchas lesiones sospechosas, intoxicaciones que no tenían justificación y un rendimiento físico tan pobre a lo largo del proceso. El técnico charrúa optó por concentrar a su plantel cuando ya estaba jaqueado por la situación, algo que no gustó al grupo, en especial a los llamados ‘extranjeros’.

Me pregunto ¿qué hubiera pasado si algo como lo sucedido con Vidal se habría dado en nuestro medio? ¿Si Farfán, Guerrero o Vargas fueran los protagonistas de un hecho como el sucedido anoche? Quizás la policía y los encargados de seguridad de la FPF habrían hecho hasta lo imposible por ocultar el hecho.

Solo hace unos días, un programa de espectáculo mostró imágenes de cómo nuestros ‘extranjeros’ se divertían en la noche, en los previos a la Copa América. En una de ellas se observa al defensa Carlos Zambrano siendo intervenido por dos policías, no se sabe si para verificar si había tomado o si tenía el permiso para utilizar lunas polarizadas. El ‘León’ no tuvo mejor idea que sacar su teléfono y hacer una llamada sabrá Dios a quién. Lo cierto es que el jugador le pasó el teléfono a uno de los oficiales quien luego dejó ir al jugador. ¿Llamó a un amigo influyente para que la cosa quedara ahí no más?

Uruguay y sus problemas con la geografía

por BRUNO RIVAS

Todo ejército victorioso requiere de un general que sepa de geografía. De un líder que conozca cada accidente del campo de batalla y que tenga el ingenio suficiente para sacarles provecho. En los últimos torneos, la selección uruguaya no tuvo problemas en ese aspecto. En Sudáfrica, Argentina y Brasil, tuvo generales y lugartenientes capaces de llevar al ejército charrúa a buen norte. En Chile no se está repitiendo la situación.

En los últimos Mundiales y Copas Américas, el emperador Tabarez supo encargarle su ejército a generales aguerridos y oportunos. En su campaña africana, los celestes fueron comandados por un héroe en estado de gracia. Uno que fue retrasado para darle orden a la escuadra. Diego Forlán llevó a Uruguay a un inesperado cuarto puesto tras quedar a poco de derrotar, por si solo, a la armada holandesa. Un año después, el liderazgo provino de las zonas defensivas. El capitán Diego Lugano terminó tomando Buenos Aires y llevó la Copa al otro lado del Río de La Plata. La siguiente campaña pilló a los generales victoriosos en edad avanzada. Un nuevo héroe tuvo que tomar la posta. Luis Suárez se transformó en el caudillo que, luego de superar sus heridas, sorprendió a ingleses e italianos. Solo los excesos del líder evitaron que Uruguay tomara las canchas brasileñas. El canibalismo de Suárez fue castigado y provocó la retirada de las tropas charrúas.

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Por los problemas en Brasil, el ejército uruguayo ha arribado a Chile sin su general caníbal. Edinson Cavani, un ariete con experiencia en los Alpes franceses, está encargado de la gesta en el país austral. Sin embargo, hasta ahora el nuevo caudillo ha mostrado que tiene graves problemas con la geografía. En su primer comunicado, causó el revuelo general al referirse a Jamaica como un país africano. Ese error parece estar costando caro. En su primera batalla contra ‘los africanos’, el ejército celeste solo obtuvo una deslucida victoria. Días después, cosechó una dolorosa derrota a manos de sus vecinos y rivales del Río de La Plata. En ambos encuentros, el general ha mostrado pocos reflejos y mala ubicación. Sus remates nunca han llegado a destino. Ante esas circunstancias parece difícil que el ejército celeste repita sus campañas victoriosas.   

La izquierda es nuestro problema

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ALDO MARIÁTEGUI TIENE RAZÓN: el problema del Perú siempre ha sido la izquierda, siempre la izquierda. Llevamos al menos 20 años buscando ese zurdo prodigioso que nos complete la línea de 4, que marque con solvencia y se proyecte con criterio. Ni siquiera le pedimos que desborde y llegue hasta el fondo; con uno que otro buen centro estaríamos conformes. Pero ni eso tenemos. El lado izquierdo de nuestras selecciones es un permanente agujero negro.

Nuestra carencia desafía la estadística: ahora mismo la población peruana es de 30 millones de habitantes. De ellos, algo menos de la mitad es hombre, es decir, 14 millones y pico. Si, como dice Wikipedia, alrededor del 8% de la población es zurda, eso implica que en el Perú debe haber un millón de potenciales candidatos a cubrir el carril izquierdo. Sin embargo, Gareca optó por llevar a Chile y alinear como titular contra Brasil a Juan Manuel Vargas, en la práctica un ex jugador. Sobran los comentarios.

Percy Olivares, el lateral zurdo más diestro del fútbol peruano.
Percy Olivares, el lateral zurdo más diestro del fútbol peruano (foto: farandulita.com)

El último que supo ocupar la banda zurda con mínimo decoro fue Percy Olivares, quien para más inri era diestro. Y tampoco habrá sido tan destacado si Oblitas (el último que estuvo a punto de guiarnos a un mundial), optó en más de una ocasión por sentarlo. Su agilidad de pies (esa que luego lo consagró en El Gran Show) lo hacía desequilibrante en ofensiva pero muy frágil en la marca. Lo que llegó luego fue una serie de esperanzas que se quebraron: Mario Gómez o Juan Alexis Ubillús, por ejemplo. A tanto llegó nuestra desesperación que hasta Walter Vílchez ocupó el puesto. Luego apareció el Loco Vargas, que emocionó porque tiene dinamita en el pie izquierdo, pero nunca sintió el puesto. Y eso fue hace 10 años. Demasiado ida y vuelta para su creciente barriga.

Lo cierto es que el Perú nunca ha sido tierra de laterales. En la tierra que se proclama la segunda patria del tiqui-taca (después de Brasil) nunca ha sido bien visto el oficio pedestre del obrero condenado a subir y bajar sin parar, relegado a los confines del campo. Será que zurdo que encontrábamos con un mínimo de talento lo promovíamos a labores supuestamente más elevadas, como puntero izquierdo o volante de primera o segunda fila. Es que ser lateral cansa y encima requiere muchísima disciplina y entendimiento del juego, pues eso de decidir cuándo toca proyectarse y cuándo hay que cerrar no es tarea para improvisados. Encima, no es un puesto muy vendedor y es fácil encontrarse con un adversario habilidoso que se empeñe en dejarte en ridículo. Sale más a cuenta renunciar a la parte engorrosa del puesto y declararse abiertamente ofensivo, aunque eso vaya a contramano con el fútbol contemporáneo, que demanda tanto talento como sacrificio.

Que Perú deje de ser cantera de hinchas y se convierta en semillero de laterales nos ahorraría muchos disgustos. Pero claro, no es tan sencillo. Requiere tener vocación de actor de reparto en un país que se muere por las vedettes.

Bolivia o la diplomacia de Evo

por BRUNO RIVAS

Durante muchos años, el presidente boliviano, Evo Morales, fue poco más que un apestado. En sus días de sindicalista, a fines de los ochenta, fue perseguido, encarcelado e incluso estuvo cerca de la muerte. No obstante, en la década del noventa su suerte empezó a cambiar. Por esa época se convirtió en el gran líder de los cocaleros bolivianos poniendo en jaque al gobierno de Hugo Banzer y a sus aliados norteamericanos. Su cruzada se hizo tan reconocida que recibió dos nominaciones al premio Nobel de la Paz. Coincidentemente, en esos años, la selección boliviana lograba su máxima hazaña: clasificar al mundial de fútbol de Estados Unidos.

A Evo le tomó más de una década el construir un movimiento social que le permitiera evadir todos los escollos legales que lo apartaban del poder. En el 2005 ganó las elecciones y se convirtió en el primer presidente indígena de la historia de Bolivia. Desde entonces ha desarrollado una política nacionalista de recuperación de los recursos naturales que, contra todo pronóstico, le ha dado réditos económicos. El país del Altiplano es uno de los que más ha crecido en los últimos diez años. Sin embargo, durante todo ese tiempo, la selección boliviana ha quedado siempre en los últimos puestos de la tabla en las eliminatorias sudamericanas. No ha estado ni cerca de volver a un Mundial.

A pesar de su popularidad interna, Evo Morales no era bien visto en países como el Perú. Sus discursos y acciones eran criticados por politólogos y técnicos que veían en él a un mandatario populista e improvisado. Excentricidades como jugar partidos de fútbol durante las Cumbres de los Pueblos terminaban dándole asidero a sus críticos. Su diplomacia del fútbol era vista como ridícula. Al fin y al cabo, los bolivianos no juegan bien al balompié. No tiene sentido que su presidente haga exhibiciones de un deporte en el que el país altiplánico solo da vergüenza.

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Sin embargo, en los últimos meses, Evo ha empezado a ser visto con admiración en algunos países. Ahora, en el Perú admiran su don de mando y la eficiencia que muestra contra el crimen. Incluso en política internacional se muestra audaz. El reclamo histórico contra Chile para obtener una salida al mar lo ha llevado a La Haya. Los resultados de esa nueva actitud saltan a la vista. La selección boliviana está invicta en sus dos presentaciones en Chile. No recibió goles contra México y le hizo tres a Ecuador. Ahora se apresta a complicar a los anfitriones. Los equipos que pierden en el último minuto miran a Bolivia con envidia. Después de nueve años en el poder, la diplomacia de Evo parece estar surtiendo efecto.

Brasil y la obligación de recuperar un relato

por BRUNO RIVAS

Antes de la llegada de la posmodernidad, las cosas estaban claras en el mundo: el bien siempre se imponía sobre el mal, el coraje era objeto de admiración y los artistas buscaban capturar la belleza del mundo. La vida ofrecía garantías al que decidiera comportarse de forma adecuada. Los relatos eran absolutamente predecibles. Uno de ellos indicaba que la selección brasileña siempre ganaba sin problemas los partidos que disputaba.

Habría quién podría decir que el fútbol siempre ha sido posmoderno. Solo en este deporte es posible que gane el que no lo merece. A diferencia del baloncesto o el tenis, en el balompié un equipo puede consagrarse como campeón del Mundo gracias a una pelota que no entra en el arco o una ‘naranja mecánica’ puede ser vencida por un grupo de corajudos alemanes. Lo imprevisible y el azar parecen estar siempre presentes. Pero durante años una selección bregó por eliminar esa tendencia del fútbol: la verdeamarela.

En los cincuenta, la llegada de un adolescente de Minas Gerais le quitó la imprevisibilidad al fútbol. A partir de Suecia 58, Pelé y sus colegas dejaron en claro que solo el ‘jogo bonito’ podía llevarse las copas. Sin embargo, después de los setenta, la verdeamarela empezó a ver cuestionada su sentencia. Durante los ochenta, los grises volvieron a imponerse en el fútbol. De nada le servía a Brasil mostrar el mejor juego, equipos pobres o inferiores ganaban los mundiales.

En EE.UU. 94, Brasil rescató la herencia de Pelé aunque adaptándola a las condiciones posmodernas. A partir de entonces, sus triunfos mundiales y continentales no han sido incuestionables. El ‘jogo bonito’ no necesariamente era el practicado por ellos aunque eso solo parecía importarle a los románticos. Y todo funcionó a la perfección hasta que empezaron a ganar los mejores. El 7 a 1 endilgado por Alemania, ha dejado en claro que el relato brasileño está en crisis.

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En Chile, Neymar y compañía están obligados a rescatar el relato heredado. Sin embargo, su primera presentación contra la selección peruana ha puesto en duda que lo logren. El 2 a 1 obtenido en tiempo de descuento no basta para convencer al mundo de que el fútbol es un deporte en el que los brasileños siempre ganan. Más bien, la victoria de la verdeamarela parece apoyarse en otra sentencia anterior a la posmodernidad: que el balompié es un juego en el que los peruanos siempre pierden.  

La historia de Perú

NADIE PUEDE NEGAR QUE EN EL FÚTBOL LA HISTORIA PESA. Lo que enerva en el caso peruano es la exageración. Cada campaña de la Selección es la repetición de un ritual que empieza con un relámpago esperanzador (un gol, alguna victoria, un par de buenos partidos) y termina siempre de la misma manera: la profunda decepción. Quizás por eso, porque en el fondo sabemos que la historia siempre ha sido mala con nosotros, es que nos empeñamos tanto en sostener disparates o títulos sin valor, como cuando sostenemos que la U es un equipo copero, o insistimos en que la volante peruana fue la mejor de la primera fase de Argentina 1978. Como sabemos que la historia ha sido mala con nosotros, tratamos de reescribirla de modo un poco patético. Pero al final ésta (al menos para nosotros) se repite, sintetizada en una frase que ya es sabiduría popular: jugamos como nunca, perdimos como siempre.

Flashback al 97: Zambrano cambia de camiseta con Neymar.
Flashback al 97: Zambrano cambia de camiseta con Neymar.

Aún faltan al menos dos partidos para poder hacer una evaluación de lo que dejará para Perú esta Copa América, pero el partido con Brasil sirve como buen resumen de una realidad que trasciende a técnicos y jugadores: qué culpa tendrá Gareca de un drama que no han podido resolver, a lo largo de más de dos décadas, ni distinguidos psicólogos ni los chamanes más reputados del país. Freddy Ternero y su Cienciano supieron romper el círculo vicioso durante un par de años, pero su método –que demandaba caminar sobre carbones ardientes– era de difícil reproducción. Eso, sumado a una dirigencia que no supo –no quiso– aprovechar la oportunidad para fortalecer una institución, hizo que el papá cusqueño quedará como la excepción que confirma la regla.

De cualquier forma, la motivación y el autoconvencimiento son solamente una parte del problema, seguramente la más fácil de resolver. No se trata de creer que podemos ganar, sino de saber hacerlo. Esto requiere, desde luego, de una predisposición hacia el éxito, pero también de oficio y pericia. Esas virtudes que orientan para no perder las marcas, no cometer faltas innecesarias, no caer en las provocaciones del rival y, más bien aprovechar su desesperación. O, como el domingo, entender cuándo es el momento para bajarle el telón al partido, dejar de intentar ganarlo en los descuentos y dar un empate por bueno y guardar la pelota en el banderín del córner, lo más lejos posible del arco propio.

Perú no puede hacer nada eso. En su peor versión es claramente superado por sus rivales; en la mejor, planta cara de igual igual, o incluso juega mejor, pero nunca demuestra una predisposición activa para cerrar los partidos; más bien se limita a esperar que el tiempo corra. En los últimos diez minutos, el futbolista se confunde con el hincha que aprieta los puños, grita al televisor y pregunta cada dos minutos cuánto tiempo queda, porque más que eso no puede hacer. El futbolista sí puede, pero la ansiedad le come las piernas más rápido, no lo deja pensar con claridad y, en última instancia, lo paraliza. Luego dice que no mereció perder, lo cual a lo mejor es cierto, pero sólo durante los primeros 85 minutos.

Cambiar esto no puede ser fácil, menos en el Perú, el país de tantas oportunidades desperdiciadas. Pero algún día habrá que empezar. Un primer paso sería convencernos que la historia no cambiará por el resultado de un solo partido. Aunque sea una victoria sobre Brasil.

Argentina o el difícil trance de mimar a una pulga

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por BRUNO RIVAS

Tras dos Copas Américas y tres Mundiales, que sirvieron de campo de pruebas, la AFA parece haber encontrado la fórmula perfecta para que su gran estrella, Lionel Messi, se encuentre a gusto. En el entretiempo del encuentro contra Paraguay se le vio salir a la cancha relajado, sonriendo, compartiendo bromas con su paisano Ángel Di María. Al astro argentino se le notaba con una disposición similar a la que tiene en las canchas europeas. La aclimatación emocional parece estar surtiendo efecto.

El proceso no ha estado exento de dificultades. Luego de auspiciosas presentaciones en el Mundial del 2006 y en la Copa América del 2007; en las que cumplió con creces el papel de revelación juvenil, Messi entró en un bache. Cuando todo indicaba que el rol que le correspondía era el de líder indiscutible, ‘La pulga’ empezó a achicarse. El rosarino no fue capaz de anotar ni en Sudáfrica ni en el torneo jugado en casa. Del ídolo de Barcelona no había ni rastro.

Para Brasil 2014, el técnico argentino Alejandro Sabella leyó muy bien la situación. Entendió que al ídolo hay que mimarlo. Tomando en cuenta que parte del éxito experimentado en Cataluña proviene de rodearlo de un ambiente familiar; construyó un cuadro que se adaptara a su circunstancia. Le puso al costado a otro rosarino y sacó de la lista a un posible rival en el liderazgo. Y dicha apuesta por la tranquilidad de la estrella rindió réditos inicialmente. Los primeros partidos en el país carioca mostraron la mejor cara del diez. Bosnia-Herzegovina, Irán y Nigeria lo sufrieron. Luego contra Suiza asistió a Di María para lo que fue una clasificación in extremis. Sin embargo, la estrategia de Sabella no alcanzó para todo el campeonato. Los últimos partidos mostraron a una pulga desorientada que ya no corría en la cancha. Incluso en la final erró un gol que en Cataluña suele anotar sin problemas. Finalmente, Messi solo pudo recoger un trofeo individual que, para muchos, no merecía.

Para esta Copa América, la AFA está buscando terminar de afinar la táctica de Sabella. Ahora le han puesto como técnico al ‘Tata’ Martino, otro ídolo de Rosario que en el 2013 fue llevado al Barcelona por Messi. En el debut contra Paraguay ya se cosecharon resultados. El diez anotó y trianguló con Di María. Ahora sonríe como si estuviera en Rosario. Por el momento, el marcador es lo de menos. No importa tanto que Paraguay haya logrado levantar en treinta minutos un 0 a 2 en contra. Al fin y al cabo, ‘La Pulga’ se siente mimada. La AFA sabe que eso es bueno para la albiceleste.

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